Karma: ¿causa
o consecuencia? - parte 1
Por Marshall Govindan
El término “karma” trae a la mente nociones
de ley y de justicia, recompensa y castigo, al igual que juicio
y destino. En el contexto cristiano y judío parece
incluir los conceptos de pecado y castigo. Y así, no
es algo en lo que nos ocupemos, sino algo más bien
terrible. Como está relacionado conceptos tan difíciles,
generalmente preferimos evitar pensar en ello, muy a menudo
nuestra actitud es “no lo comprendo”, o “es
difícil de comprender”. Si pensamos acerca del
“karma”, ello suscita demasiadas preguntas sin
responder, incluyendo:
1. ¿Qué tipos de karma hay?
2. ¿Por qué le suceden cosas malas a buenas
personas?
3. ¿Está mi vida determinada por el destino
o por mi libre albedrío?
4. ¿Qué es la gracia? ¿Qué tiene
que ver con el karma? ¿Cómo obtenerla?
Antes de intentar resolver estas cuestiones, sin embargo,
intentemos definir el karma. Una simple definición
es que el karma es una ley o un principio de la naturaleza
que requiere que toda acción, palabra o pensamiento
tiene un efecto o una consecuencia, o que toda acción
tiene una reacción; o, respecto a nuestra encarnación
humana, es el poder que, por su continuidad y desarrollo como
fuerza subjetiva y objetiva, determina la naturaleza y la
eventualidad de las repetidas existencias del alma. Así
que el karma es causa y consecuencia. En resumen, karma es
la acción y las consecuencias de la mente, el habla
y el cuerpo.
Pregunta número 1: ¿Qué tipos de karma
hay? ¿Hay un buen karma? ¿Y un mal karma?
En el verso II.12 de los Yoga Sutras, Patanjali menciona
dos tipos de karma: “La reserva de karma enraizada en
las aflicciones es experimentada en la existencia vista (presente)
y en la no vista (futura)”.
Debido a la existencia de las aflicciones (klesah) de ignorancia
(avidyà), egoísmo (asmità), apego (ràga),
aversión (dvesa) y el aferramiento a la vida (abhinivesah),
acumulamos y expresamos karmas. Hay tres tipos de karma:
1. pràrabdha karma: aquél que está siendo
expresado y agotado en este nacimiento;
2. àgama karma: nuevos karmas creados durante este
nacimiento;
3. sanjita karma: el que espera ser cumplido en futuros nacimientos;
El receptáculo de todos los karmas es conocido como
el karma-àsaya, "la reserva o matriz de karma"
o "acción-depósito".
Los karmas esperan una oportunidad para salir a la superficie
y expresarse a sí mismos a través del klesah.
Un fuerte karma puede atraer un nacimiento y un cuerpo particulares
para expresarse a sí mismo, y otros karmas íntimamente
relacionados serán también expresados o agotados
a través de ellos. Esto continúa hasta que uno
alcanza la Auto-realización y deja de crear nuevos
karmas.
Necesitamos comprender que estamos viviendo nuestro destino
kármico. El tiempo es karma, dicen los sabios. Tenemos
nuestro propio mapa kármico. Necesitamos también
comprender que cada persona tiene su propio karma y actúa
según él. Nos preguntamos por qué alguien
actúa de forma determinada o vive de determinada manera.
Él se está preguntando lo mismo acerca de nosotros.
Cada uno de nosotros está programado con una determinada
naturaleza. Nuestras opiniones sobre qué es la perfección
vienen de lo que se nos enseñó y de cuán
bien hemos aprendido nuestras lecciones. Las circunstancias
de nuestra vida suceden debido a nuestro karma. Pero tenemos
libre albedrío respecto a cómo manejarlo, positiva
o negativamente. Si escogemos manejarlo negativamente, por
ejemplo, creando sufrimiento a los demás, las reacciones
regresan a nosotros en formas más intensas o terribles.
El manejar pacientemente las circunstancias, creando felicidad
para los demás, neutraliza gradualmente las consecuencias
kármicas.
Prácticas:
1. Escribe las líneas principales de tu mapa kármico.
¿Cuáles han sido los mayores deseos de tu vida?
¿Hacia qué has estado más apegado? ¿Cuáles
han sido los principales eventos de tu vida? ¿Momentos
decisivos? ¿Lecciones?
2. Reflexiona en esta afirmación: “Para liberarnos
del karma debemos darnos cuenta de que ya hemos obtenido lo
que estamos buscando”.
¿Karma bueno y malo?
En el verso II.14 de los Yoga Sutras, Patanjali nos dice:
“Por causa del karma virtuosos y del no virtuoso, hay
[las correspondientes] consecuencias placenteras y dolorosas”.
Si llevamos felicidad (hlàda) a los demás ganamos
placer; si llevamos sufrimiento (paritàpa) a los demás
cosecharemos dolor para nosotros mismos. Si nos permitimos
a nosotros mismos la verdadera felicidad, automáticamente
hacemos más felices a los que s están cerca
de nosotros – sea o no que ellos sepan eso inicialmente.
Nuestros hábitos o impresiones subconscientes (samskàras)
determinan enormemente nuestras acciones. Por tanto la cualidad
de nuestro nacimiento (jàti), la duración de
la vida (ayuh) y la experiencia de la vida (bhogaþ)
están determinada por nuestras impresiones subconscientes
(samskàras). Por tanto debemos cultivar pensamientos,
palabras y actos que sean edificantes para nosotros y para
los demás.
Prácticas:
1. Cultiva pensamientos, palabras y actos que sean edificantes
para ti y para los demás, pero escucha primero y reflexionas
con tu guía más interna, y evita reacciones
egoístas.
2. Anota situaciones en las que hayas hecho conscientemente
un esfuerzo para decir o hacer algo que sabías que
llevaría alegría a los demás. ¿Cómo
te sentiste como resultado?
3. Anota situaciones en las que hayas evitado decir o hacer
algo que sabías que podría dañar a los
demás. ¿Cuándo fallaste en evitarlo?
¿Cómo te sentiste después?
Pregunta número 2: ¿Por qué suceden
cosas malas a gente buena?
Cuando suceden accidentes, actos de agresión, desastres
naturales o pérdidas inesperadas, causando sufrimiento
o muerte a persona que parecen ser completamente inocentes,
o que han vivido vidas virtuosas, podemos preguntarnos “¿por
qué suceden cosas malas a personas buenas?”.
La causa puede ser o bien el destino, es decir, prarabdha
karma, o agama karma, las consecuencias de actos realizados
en esta vida. Cuando las cosas malas son realmente terribles,
normalmente es lo primero: un destino inevitable, la consecuencia
de acciones de una vida pasada. Porque generalmente una buena
persona en esta vida no comete actos que podrían producir
consecuencias terribles. Los pequeños errores de juicio
o equivocaciones en palabras o actos producen, por supuesto,
consecuencias, a menudo inmediatamente. Pero la pregunta anterior
se formula usualmente en respuesta a sucesos trágicos
que suceden al inocente. Su prarabdha karma de vidas previas
está trayendo consecuencias en esta vida. El sufrimiento
inherente a los eventos trágicos es mitigado en la
medida en la que uno cultiva vairagya o desapego; si uno puede
recordar que “yo estoy verdaderamente inafectado, porque
yo soy el testigo, no el cuerpo, no la mente, no las emociones”,
entonces tales suceso puede ofrecerle a uno grandes lecciones.
No sólo podemos aprender desapego cuando suceden eventos
trágicos, sino que podemos también distinguir
lo que es permanente de lo que es impermanente, lo que produce
alegría frente a lo que produce sufrimiento. Finalmente
tales eventos nos ayudan a distinguir el Ser Verdadero de
la personalidad cuerpo-mente. No es que reprimamos o consideremos
como irreal el sufrimiento que la mente, el cuerpo o las emociones
puedan aguantar, sino que lo vemos como lo que es: un fenómeno
pasajero. Al entrar profundamente en el sufrimiento y a través
de él, finalmente, nos liberamos de él.
Jyotish, o Astrología Ayurvédica, nos permite
prever el prarabdha karma. Aunque no podemos evitar tales
eventos kármicos, podemos mitigar sus efectos al prepararnos
física y mentalmente, al igual que al evitar aquellas
actividades que podrían exacerbar el sufrimiento. Hay
eventos kármicos positivos también cuyos beneficios
pueden ser amplificados mediante la preparación o la
firmeza o a la acción oportuna. Un yogui, sin embargo,
no busca pronósticos astrológicos excepto en
raras y significativas ocasiones que puedan implicar a los
demás, por ejemplo, un matrimonio, o para prever la
vida de un bebé recién nacido. Un yogui prefiere
cultivar la ecuanimidad y el poder de voluntad, venga lo que
venga. Depender mucho de la astrología le hace a uno
esclavo del propio karma, a través del miedo y de la
“profecía autocumplida”. El uso correcto
de la voluntad junto con la inspiración reflexiva y
la disciplina yóguica es generalmente un mejor uso
de la propia energía e inteligencia. Uno aprende a
dominar cada situación tal como venga. Un yogui busca
entregarse a lo que pueda venir para purificarse a sí
mismo de deseos, preferencias y miedos, y convertirse así
en un perfecto instrumento para el Señor. “Hágase
Tu voluntad y no la mía” permite finalmente que
“El jiva se convierta en Shiva”, conforme la Gracia
Divina desciende en la forma de Auto-realización y
de otros siddhis.
Practicas:
1. Haz una lista de cosas por las que te preocupas. Después,
pregúntate por qué. Anota lo que te venga. Luego
medita sobre la pregunta: “¿Quién se preocupa?”.
Pregunta número 3: ¿Está mi vida determinada
por el destino o por mi libre albedrío?
Aunque El destino y el karma están relacionados, no
son equivalentes. El destino son aquellos eventos que suceden
a pesar de todos los propios esfuerzos de producir un resultado
alternativo. Es el prarabdha karma, las consecuencias de las
acciones de encarnaciones previas, que están siendo
realizadas en la vida presente.
El karma, como hemos visto, es de diversos tipos, e incluye
un juego entre el karma bueno y el malo. Uno puede mitigar
el mal karma que ha causado a los demás mediante buen
karma, tal como actos caritativos que produzcan alegría
a los demás. Esta mitigación puede ocurrir en
la vida actual, por ejemplo, en el caso de alguien que enmienda
su ruda conducta hacia un amigo, y obtiene así su perdón.
Sabiendo que todo pensamiento, palabra y acción produce
consecuencias, el sabio evita el mal y busca sólo el
bien. De esta forma acumula una gran balance positivo de mérito
que puede borrar o al menos debilitar los efectos de actos
malos. Él sólo habla lo que es necesario y edificante
para los demás. Reconoce las grandes oportunidades
que existen en los actos de caridad y de compasión.
Al actuar desinteresadamente se purifica también del
egoísmo (anava). El engañado, por otro lado,
actúa desde el egoísmo y busca ventaja sobre
los demás para sí mismo. Al hacerlo así
causa dolor a los demás y consecuencias kármicas
inevitables, sea en encarnaciones presentes o futuras. También
fortalece su propio egoísmo y se hunde más en
el engaño.
El destino es un karma inevitable, no importa cuán
grande sea el balance positivo de karma de uno. Sea que traiga
dificultad o placer, la forma de responder a ello es con ecuanimidad,
recordando: “esto también pasará”.
El sabio descubre que el destino le ofrece otra oportunidad
de “dejar partir” los apegos, de permanecer ecuánime,
y de centrarse en la consciencia del subyacente satchidananda
(Ser absoluto, Consciencia y Gozo).
El libre albedrío es un engaño mientras uno
sea un esclavo de los miedos y deseos del ego. El libre albedrío
puede ser ejercitado sólo cuando uno está consciente
y desapegado de los deseos y de las dualidades de la vida.
Al cultivar vairagya (desapego) uno ve más allá
del gusto y del disgusto, el éxito y el fracaso, la
pérdida y la ganancia, el placer y el dolor, hasta
la Verdad de las cosas. Morando en la consciencia de la Verdad
uno puede actuar “libremente”, sin ser más
un esclavo del miedo o del deseo. Uno puede actuar poderosamente
como un amoroso instrumento de la Divinidad. “Hágase
Tu voluntad y no la mía” se convierte en el mantra
de aquellos cuya voluntad se ha liberado de las tendencias
egoístas, kármicas y engañosas. De otro
modo, el “libre albedrío” es un engaño,
un mero sirviente de deseos y preferencias egoístas.
“Prefiero tener…” o “prefiero hacer…”
dice el ego. “No importa…” y “yo soy
amor” dice el alma. Kriya significa “acción
con consciencia”, y su práctica sistemática
le permite a uno llevar la consciencia a todas las acciones,
en todas las cinco dimensiones. Esto es un poderoso antídoto
para el karma: “acción con reacción”.
Practicas:
1. Repite estas afirmaciones: “Hágase Tu voluntad,
no la mía”, o “Como Tú quieras,
como Tú quieras”.
2. Cuando suceda lo inesperado, antes de reaccionar, haz una
pausa y reflexiona. Deja partir la reacción emocional.
3. Busca oportunidades de llevar alegría a los demás.
Incrementa tu mérito de buen karma. Evita palabras,
pensamientos y actos que puedan producir sufrimiento a los
demás.
En un editorial posterior exploraremos cuestiones relacionadas,
incluyendo “¿Qué es la gracia? ¿Qué
tiene que ver con el karma?” y “¿Cómo
puede el Kriya Yoga neutralizar el karma?”
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