Yogui
S.A.A. Ramaiah,
Apóstol del Siddhantham de Kriya Yoga tamil
Por M. Govindan Satchidananda
El 9 de mayo de 1923, en la mansión
ancestral de S.A. Annamalai Chettiar, una joven mujer, Thaivani
Achi, dio a luz a su segundo hijo, Ramaiah, que significa
"Ram adorando a Shiva". S.A. Annamalai Chettiar,
dos años antes, había volado en el primer avión
privado de Inglaterra a la India. Tenía su propio aeropuerto
privado cerca de su hogar. Su familia era la más rica
del sur de la India, habiendo amasado una fortuna como banqueros
mercantes y comerciantes por todo el sudeste de Asia, durante
cientos de años. Su hogar, "Ananda Vilas"
("el lugar del gozo") era la segunda más
grande en la villa de las mansiones, Kanadukathan, en una
zona conocida como "Chettinad", a 60 kilómetros
al norte de Madurai, la antigua capital de Tamil Nadu. Chettinad
estaba habitada principalmente por el clan Nattukottai Chettiar,
de varios cientos de familias. Los Chettiar eran los primeros
banqueros del sudeste de Asia, y su imperio comercial abarcaba
el sur de Asia, Malasia, Sri Lanka, Vietnam, Burma e Indonesia.
Ellos habían financiado también la construcción
de la mayoría de los grandes templos del sur de la
India, con sus colosales torres gopuram, durante los pasados
cientos de años. El actual ministro de finanzas del
gobierno de la India, P. Chidambaram, es el primo de Yogui
Ramaiah, y ha construido su carrera sobre una sólida
reputación por su honestidad y perspicacia en los asuntos
financieros. S. Annamalai, el padre de su padre, era un gran
filántropo y hombre de negocios; su hermano, Raja Sir
Annamalai Chettiar, hizo su fortuna importando teca de la
India al sur de la India, y su hogar palacial, de cientos
de metros, estaba situado al lado de Ananda Vilas, incluyendo
un garaje con tres coches. Desde entonces se ha convertido
en un industrial líder. Pero su hermano, el joven padre
de Ramaiah, estaba más interesado en aviones, coches
rápidos, caballos de carreras, en apuestas y en gastar
el dinero de su padre. La madre de Ramaiah, también
una Chettiar, era una devota mujer joven, con un fuerte interés
en la espiritualidad y el misticismo. Era una discípula
de "Chela Swami" un enigmático “santo
infantil” y sadhu u hombre santo, que vagaba de vez
en cuando por su hogar. Completamente desnudo, los niños
del pueblo lo trataban a veces como a un loco, lanzándole
piedras. Pero nadie pudo nunca determinar por qué él
estaba siempre sonriendo; los niños del pueblo le daban
algunos plátanos, o le masajeaban los pies con reverencia,
y él sonreía; luego algunos de ellos podían
reírse a su costa o intentar engañarlo, y él
sólo sonreía como respuesta. Nadie sabía
dónde vivía o adónde iba cuando desaparecía
durante semanas o meses; iba y venía como el viento.
Pero Thaivani Achi era devota de él.
El joven Ramaiah fue educado por tutores
y disfrutó de la vida de un miembro del círculo
más elitista de la India colonial. Jugaba al golf,
llevaba vestidos ingleses y viajaba frecuentemente en motocarro
a 300 kilómetros al norte de Madrás, donde su
padre tenía en propiedad casi una milla de la costa
al sur de la catedral de San Thome. Ramaiah estaba interesado
en la ciencia y en la literatura tamil. Mientras su padre
apostaba la fortuna de la familia, Ramaiah se preparaba para
la educación universitaria. Su padre quería
que entrara en los negocios, pero Ramaiah fue firme. Cuando
fue admitido en la universidad de Madrás, Presidency
College, la institución más prestigiosa del
sur de la India en 1940, pidió permiso a su padre para
inscribirse en el tema de geología. Tras una calurosa
discusión, y tras la intercesión de la madre
de Ramaiah, S.A. Annamalai accedió y dio su consentimiento.
Ramaiah destacó en sus estudios y
en 1944 se graduó el primero de su clase. Solicitó
sus estudios de postgraduado en John Hopkins University en
Baltimore, EE.UU., y fue aceptado. Su padre se opuso a esta
propuesta, insistiendo en que Ramaiah debía comenzar
una carrera en el imperio de negocios familiar. Finalmente,
Ramaiah tuvo éxito en convencer a su padre para que
le dejara ir a América, pero antes de hacerlo, debía
casarse primero. Prometido desde hace años con Solachi,
una joven mujer cuya rica familia viva en la mansión
al lado de Ananda Vilas, se celebró la boda y su joven
esposa comenzó a hacer preparativos para el largo viaje
a América. Sin embargo, el destino intervino y Ramaiah
contrajo tuberculosis ósea. Los mejores médicos
ingleses fueron llevados para tratarlo, pero como la tuberculosis
ósea era y es una enfermedad incurable, lo más
que pudieron hacer fue detener su avance más allá
de sus piernas. Lo hicieron aprisionándole en una escayola
que se extendía de sus pies hasta su cuello. Al inmovilizar
su cuerpo de esta manera esperaban detener el desarrollo posterior
de la enfermedad. Permaneció en esta situación,
colgado de los postes de la cama y suspendido en el aire,
durante seis años. Su familia le dejó solo con
su joven esposa y algunos sirvientes, en su chalet de la playa,
en el número 2 de Arulananda Mudali Street, (ahora
Arulandam Street), San Thome, Mylapore, Madrás.
Mientras que la mayoría de las personas
habrían sucumbido probablemente a la desesperación
en tal situación inimaginable, Ramaiah tuvo una fuerza
que le permitió sobrevivir en este difícil periodo.
Su madre le había dado un amor innato por la espiritualidad,
y así, más que ver esta situación como
una maldición, descubrió que podría usarla
para explorar los reinos internos de su alma. Siendo un ávido
lector, Ramaiah estudió los clásicos de la literatura
espiritual india. Estaba particularmente impresionado por
los poemas de Ramalinga Swamigal y los escritos de Sri Aurobindo.
Su familia había valorado a Ramana Maharshi durante
tres generaciones, y él podía apreciar su método
de Vichara Atman. Incapaz de moverse o de implicarse en cualquier
actividad normal, comenzó también a practicar
seriamente la meditación, y siempre que era posible,
enviaba a su chofer con una invitación a famosos sadhus
o gurús que estaban visitando el área. Intrigados
por la sinceridad de este hombre joven, encerrado como estaba
en una escayola, venían y le formaban en el arte de
la meditación y la respiración. Incapaz de explorar
el mundo exterior, volvió su atención al mundo
interior. Sin otras distracciones, hizo un rápido progreso.
Uno de los sadhus que tuvo mayor influencia sobre él
fue un hombre de mediana edad llamado "Prasanananda Guru".
Era un famoso "tapaswi", un asceta que podía
permanecer inmóvil durante muchas semanas, encerrado
en la meditación o trance. Ha menudo era convocado
por los caciques de zonas azotadas por la sequía por
su habilidad para hacer que lloviera. En 1948 acabó
con una sequía de tres años en Chettinad, tras
sentarse durante 48 días en el templo Brahmanoor Kali
temple, a un kilómetro del pueblo, realizando tapas
yóguicas o meditación intensa. Al final de “un
mandala” de 48 días la lluvia vino torrencialmente.
Desde entonces la sequía no ha vuelto a esa zona.
Otro de los primeros gurús de Ramaiah
fue Omkara Swami, anterior trabajador postal, que se volvió
un famoso “tapaswi” que podía sentarse
sin moverse durante 48 ó 96 días sin pausa,
encerrado en un trance de samadhi. Ellos compartieron con
Ramaiah su íntimo conocimiento de la sadhana yóguica.
En 1952 Ramaiah escribió y publicó una biografía
de Omkara Swami titulada "Un santo gozoso". Ellos
mantuvieron una amistad hasta el fallecimiento de éste
en los 60.
El 10 de marzo de 1952, el día en
el que Yogananda alcanzó el mahasamadhi en Estado Unidos,
un pintoresco sadhu y discípluo de Shirdi Sai Baba
vino al hogar de Ramaiah en San Thome, y tras demostrar sus
poderes clarividentes, predijo con gran seguridad que Ramaiah
pronto sería curado. Pero antes de que esto pudiera
suceder Ramaiah sucumbió a la desesperación,
y una noche decidió quitarse la vida reteniendo su
aliento. Entonces, cuando lo estaba haciendo, oyó de
repente una voz que decía: “¡No te quites
la vida! ¡Entrégamela a mí!”. Sobresaltado,
tomó una profunda respiración, preguntándose
quién podría ser. Luego descubrió que
debía ser la misteriosa figura que había empezado
a ver en sus meditaciones tras la visita de Mouna Swami. La
primera vez en que esto sucedió tuvo una visión
de Shirdi Sai Baba, llevando su paño característico
en la cabeza. Preguntó ansiosamente a Shirdi Sai Baba:
"¿Eres mi gurú?". La réplica
fue: "No, pero yo te revelaré quién es
tu gurú”. Justo entonces vio por primera vez
a su gurú "Babaji".
A la mañana siguiente, Ramaiah se
despertó con la comprensión de que había
sido curado. El médico inglés fue llamado y
la escayola retirada. Para la sorpresa de todos, el examen
del médico reveló que la terrible enfermedad
había desaparecido. Durante los días siguientes
Ramaiah recuperó el uso de sus piernas. También
comenzó a cantar suavemente el nombre "Babaji"
y luego "Om Babaji" y "Om Kriya Babaji",
y finalmente el mantra "panchakra" "Om Kriya
Babaji Nama Aum", con gratitud y deleite plenos.
Un día después vio un anuncio
en un periódico sobre un nuevo libro sobre la renombrada
santa "Satuguru Rama Devi", titulado "9 Boag
Road", que era la dirección de su residencia en
Madrás. El autor era V.T. Neelakantan, un notable periodista.
Ramaiah escribió le una postal, pidiendo una copia
del libro y dirigiéndose a él como “Querido
Atman”. Al recibirla, el periodista pensó que
el remitente de la carta debía ser “un monedero”,
esto es, alguna persona rica ociosa, pero, llevado por la
curiosidad, decidió hacerle una visita en San Thome.
Así comenzó una amistad y una
colaboración que duró cerca de quince años.
V.T. Neelakantan había estado recibiendo visitas frecuentes
de madrugada por la misma figura misteriosa, Babaji, en su
habitación de puja en Egmore, Madrás. Babaji
reveló pronto a Neelakantan que debía trabajar
junto a Ramaiah para establecer una sociedad de yoga en su
nombre, "Kriya Babaji Sangah", y escribir y publicar
sus enseñanzas en una serie de libros. Durante los
siguientes dos años, durante sus visitas de madrugada
al hogar de V.T. Neelakantan, Babaji dictó varios libros
a V.T. N., "mi niño", tal como Babaji le
llamaba: "La voz de Babaji y Misticismo revelado",
"La llave maestra para todos los males" y "La
muerte de la muerte". V.T.N., entonces con 52 años,
había sido corresponsal extranjero tanto en Japón
como en Londres, antes y después de la segunda guerra
mundial, para uno de los principales periódicos de
la India, the Indian Express. Por esto se convirtió
también en el confidente del Pandit Nehru, presidente
del Partido del Congreso, y posteriormente primer ministro
de la India cuando ésta se independizó de Gran
Bretaña en 1947. Antes de la guerra, durante más
de quince años había trabajado codo con codo
con Annie Besant, la antigua presidenta de la Sociedad Teosófica
y sucesora de Madame Blavatsky, que la formó en lo
oculto. Él estaba también casado y era el padre
de cuatro hijos y una hija. Al final de 1940 dejó su
familia durante dos años, y se fue a los Himalayas
como renunciante, donde estudió con Swami Sivananda
y otros santos.
En el 10 de octubre de 1952 se fundó
oficialmente el "Kriya Babaji Sangah", y en el hogar
de San Thome de Ramaiah se organizaron conferencias regulares,
clases de meditación y otras actividades públicas.
Ramaiah era el presidente, y V.T. N. era el "Acharya".
Se adquirió una imprenta y el “Kriya Yoga Magazine”
fue publicado varias veces al año. Fueron escritos
más libros a pesar de la frágil salud de V.T.N.
Ramaiah escribió las introducciones y V.T.N. escribió
los dictados de Babaji. Babaji comenzó a dirigir la
sadhana de V.T.N., Ramaiah y Solachi, con instrucciones específicas
respecto a la meditación y los mantras en particular.
Babaji también comenzó a aparecerse
a Ramaiah y en 1954 Babaji le citó en Badrinath, en
los Himalayas. Babaji le pidió que saliera del templo
de la villa, situado a una altura de 3.500 metros, sin llevar
nada y vistiendo sólo un paño en la cintura.
Ramaiah, entonces con 31 años, vagó hacia el
norte del valle a través del río Alakanantha
River, la principal fuente del Ganges, llegó un día
a su glaciar, se encontró con dos sadhus sentados en
una roca lisa. Uno le sonrió, el otro le miró
desdeñosamente y comenzó a lanzarle insultos:
“¿Cómo alguien con la piel oscura del
Sur de la India se atreve a vagar por aquí, vestido
sólo con un paño?”, se burló. Ramaiah
siguió un poco más arriba más allá
de los silbidos del sadhu, y se sentó sobre una roca
y comenzó a meditar. Pasaron varias horas. De repente,
oyó que alguien se aproximaba y le urgía a que
bajara hasta la villa para comer. Ramaiah le indicó
que no lo haría, y que debía ser dejado solo.
Pasaron varias horas más; estaba oscuro, luego, de
repente, el mismo sadhu que le había sonreído
volvió y comenzó a ponerle comida en la boca.
“Jai Babaji” pensó. “Incluso aquí,
en este frío, desolado lugar sin árboles, Babaji
se preocupa de alimentarme”.
Tras tres días de vagar, Babaji se
reveló físicamente a Ramaiah y le enseñó
la ciencia sagrada del Kriya Yoga. Durante los siguientes
meses, en su cueva al lado del lago glacial conocido como
Santopanth Tal, treinta kilómetro al norte de Badrinath,
Ramaiah aprendió un sistema completo de 144 Kriyas
o técnicas, que implicaban respiraciones, posturas
de yoga, meditación y mantras. También disfrutó
de la compañía de los principales discípulos
de Babaji, Annai Nagalakshimi Deviyar, también conocida
como Mataji, y Dadaji, que era conocido como Swami Pranavanandar
en su encarnación previa, al igual que otros discípulos
cercanos del gran Satgurú. Entre otras cosas, Babaji
también le enseñó como soportar la fría
temperatura con un ejercicio respiratorio.
Tras diversos meses en los Himalayas, tras
su retorno a Madrás en 1955, Ramiah se comprometió
en un “tapas” o periodo muy riguroso de práctica,
durante el cual adoró a la Madre Divina en la forma
de Kali, en su aspecto más temible. Con el fin de purificarse
uno mismo de los deseos y de vencer tales limitaciones como
el miedo y la ira, la adoración de Kali se considera
especialmente efectiva. Ella personifica “el desapego”
de los apegos del ego, simbolizados por las cabezas que ella
corta. Mientras que Patanjali, en sus Yoga Sutras, recomienda
secamente el vairagya o desapego como el método principal
del Raja Yoga clásico, tal práctica asume una
forma personal cuando uno se compromete seriamente con el
tapas ascético. Al sentarse uno quieto en una habitación
durante muchos días la naturaleza humana se rebela,
y sólo una entrega completa a la Divinidad, en la forma
de Madre Naturaleza, Kali, parece ser le permitió vencer
la resistencia de su ego. “Tap” significa “calentar”,
y “tapas” significa “enderezar a través
del fuego”, o “desafío voluntario”.
Es el término original para “Yoga”. Comienza
con la expresión de un voto, por ejemplo, no abandonar
un lugar, o no comer, o no hablar, etc., durante un periodo
establecido, por ejemplo, un “mandala” de 48 días.
Los 40 días en el desierto de Jesús fue una
forma de tapas. Habiendo completado su tapas, Ramaiah nació
de nuevo; él había experimentado estados profundos
de quietud, conocidos como samadhi, y a partir de entonces
sería conocido como “Yogui Ramaiah”. Babaji
le dio también diversas tareas: comenzar el estudio
de fisioterapia y de terapia yoga con el fin de ayudar a aquellos
que, como él mismo, eran minusválidos; comenzar
a enseñar Kriya Yoga en la India y en el extranjero;
y comenzar a investigar y a reunir los escritos de los gurús
de Babaji, Boganathar y Agastyar.
Yogui Ramaiah, junto con Solachi, se trasladó
a Bombay donde se apuntó en un programa para hacerse
fisioterapeuta en el G.S. Medical College Hospital, el más
grande de la ciudad. También estudió y aplicó
yogasanas con éxito al tratamiento de sus pacientes.
Alrededor de 1961, hacia el final de sus estudios allí,
pidió permiso a sus profesores para dirigir experimentos
clínicos. Les dijo que creía que podría
curar unos 20 tipos diferentes de desórdenes funcionales
sólo con el uso de yoga, incluyendo diabetes, hipertensión,
apendicitis e infertilidad, todo dentro de un periodo de tres
meses. Se le concedió permiso y los pacientes fueron
elegidos por los médicos asistentes. Durante res meses
trabajó todos los días con estos pacientes,
guiándolos y animándolos en su práctica
de yoga, junto con regímenes de dietas y tratamientos
de sol. Tras tres meses, para sorpresa de los médicos,
todos los pacientes se pusieron bien. Como reconocimiento,
fue premiado con un diploma honorario. Prefiriendo no esperar
más para completar los requisitos académicos,
volvió a Madrás, donde fundó una clínica
gratuita para los pobres de San Thome, especializándose
en los minusválidos, y también un departamento
de rehabilitación ortopédica en Adyar, Madrás.
Dirigió la clínica gratuita durante casi diez
años. El departamento de rehabilitación ortopédica
sigue funcionando hasta hoy en Mount Road, justo al norte
del puente Adyar. En 1985 el autor visitó con Yogui
Ramaiah el G.S. Medical College, y demostró las 18
yoganasanas mientras Yogui Ramaiah daba una conferencia a
unos 500 profesionales del personal en el auditorio. Su uso
exitoso del Yoga todavía era recordado por los miembros
más mayores del personal.
A partir de 1956 Yogui Ramaiah y Solachi
comenzaron a viajar a Sri Lanka, Malasia y Vietnam, donde
condujo conferencias, clases de yogasanas e iniciaciones en
Kriya Yoga, al igual que campamentos médicos gratuitos
para los minusválidos. Un devoto, un ingeniero que
vive en el número 51 de Arasady Road, en Jaffna, Sri
Lanka, narró al autor en 1980 cómo había
visto a Yogui Ramaiah varias veces en sus sueños antes
de su primer encuentro. En 1958 Sri Lanka fue sacudida por
los primeros disturbios entre tamiles y singaleses. Estos
sucedieron mientras Yogui Ramaiah estaba dirigiendo su tercer
“Parlamento de las religiones del mundo y del Yoga”
anual. Era una conferencia ecuménica atendida por líderes
locales de varios grupos religiosos. Un participante fue Swami
Satchidananda, representando a la Divine Life Society, fundada
por Swami Sivananda. Un tamil de Coimbatore, se impresionó
profundamente por Yogui Ramaiah y sus esfuerzos por el ecumenismo.
Así comenzó una amistad de por vida. Cuando
Swami Satchidananda se fue a América en 1967, fue al
ashram de la playa de Yogui Ramaiah en San Thome para recibir
sus bendiciones. Yogui Ramaiah le llevó al aeropuerto
y le dio una despedida real. Después de que Yogui Ramaiah
mismo se trasladara a la ciudad de Nueva York, en 1968, ellos
a menudo asistieron a los actos del otro. Por ejemplo, la
ceremonia de graduación de estudiantes del curso de
lenguaje tamil dirigido en el ashram de Yogui Ramaiah en el
número 112 de East 7th Street, Nueva York, y el Parlamento
de las religiones del mundo y de Yoga en Rutgers University,
en 1969. En Sri Lanka, en 1958, el primer ministro vino al
último día del Parlamento para dar las gracias
a Yogui Ramaiah y a los demás oradores por ayudar a
calmar los tumultos con sus discursos promoviendo la comprensión
entre religiones.
A comienzos de los 60 Malasia y Solachi encontraron
en Malasia muchas personas interesadas en el Kriya Yoga. Solachi
había recibido de su familia, como parte de su dote
de matrimonio, una gran plantación de caucho. El bisabuelo
de Yogui Ramaiah salvó su vida milagrosamente a finales
del siglo XIX gracias a un misterioso yogui, posteriormente
identificado como Babaji. El suegro de Yogui Ramaiah, el dr.
Alagappa Chettiar, había fundado una universidad en
Pallatur, a 8 kilómetros de Kanadukathan, donde Yogui
Ramaiah solía enseñar Yoga. Él quería
mucho a Yogui Ramaiah. Pero tras la muerte de aquél,
las familias de la itinerante pareja comenzaron a condenar
su estilo de vida itinerante y su interés en el Yoga,
y la ausencia de niños. Era inaudito que tales jóvenes
se comprometieran tan seriamente en el Yoga, a menos que renunciasen
a todo como sannyasines. Temiendo que lo hicieran, aumentaron
las discusiones, y Solachi cayó gravemente enferma.
Durante su convalecencia ella se trasladó al hogar
de su madre en Kanadukathan. Las relaciones de ésta
con su yerno se deterioran, y durante los últimos días
de la vida de Solachi, en 1962, la codiciosa madre engañó
a su hija para que firmase la entrega de todas sus propiedades,
le robó sus joyas e impidió que Yogui Ramaiah
pudiera verla. Tras su muerte, la suegra de Yogui Ramaiah
agravó la tragedia al sobornar a un juez de Malasia
para que la hiciera titular de las propiedades de su hija
en ese país.
En este tiempo, Yogui Ramaiah decidió
romper con su propia familia. Su madre había fallecido,
y su padre era un materialista, activamente opuesto a las
actividades de Yogui Ramaiah respecto al Yoga. Se hicieron
comentarios despreciativos, y finalmente Yogui Ramaiah decidió
que debía romper de una vez por todas con su familia.
Más que esperar a recibir su parte de la propiedad
familiar, normalmente distribuida tras el fallecimiento de
los padres, negoció un acuerdo que le dio dinero suficiente
para comprar una gran casa en Kanadukathan, en la calle 13
AR. Durante varios años ha sido usada como un hotel
para estudiantes universitarios locales. Durante los 70 Yogui
Ramaiah la renovó y construyó dentro de sus
paredes distintos edificios sagrados: un santuario para Babaji,
un santuario para Siddha Avvai, conteniendo mil manuscritos
de hojas de palma escritos por los Siddhas que él había
recogido durante muchos años de colecciones privadas
y de museos mientras vagaba por todo Tamil Nadu; y santuarios
de Mataji y de Dadaji. Sobre la verja de entrada se construyó
una hermosa torre goupuram con la imagen de los 18 Yoga Siddhas.
A pesar de su práctica de Yoga, sin embargo, Yogui
Ramaiah afectado por su familia, y, como veremos más
adelante, después hizo esfuerzos considerables por
rehabilitar su reputación dentro de su familia.
Yogui Ramaiah escribió y publicó
un libro sobre las 18 posturas, profusamente ilustrado con
fotografías, al igual que un libro titulado “Canciones
de los 18 Siddhas”, en 1968, con selecciones de los
manuscritos de hoja de palma que había recogido. Babaji,
explicó, le había asignado la tarea de que sus
obras fueran publicadas un día. Su amigo cercano, el
poeta tamil y renombrado yogui discípulo de Sri Aurobindo,
Yogui Shuddhananda Bharatiyar, escribió una hermosa
introducción a esta obra. En años posteriores,
Yogui Ramaiah transcribió los escritos de Boganthar
de los manuscritos de hojas de palma y los publicó
luego en tamil, en un libro moderno, en varios volúmenes,
comenzando en 1979. Durante años continuó publicando
una revista de Kriya Yoga con la ayuda de V.T. Neelakantan.
Sin embargo, su larga colaboración finalizó
alrededor de 1967, cuando hubo una separación de tipo
personal. Las razones para la separación son desconocidas
para este autor, ya que Yogui Ramaiah evitó hacer comentario
alguno sobre V.T.N., incluso cuando el autor le preguntó
en 1972. (No obstante, en el 2003 el autor obtuvo información
de los hijos de V.T.N. acerca de los últimos años
de éste. V.T.N. continuó siendo devoto de Babaji
y practicando regularmente, en particular la sadhana de mantras,
hasta su fallecimiento en 1983 en Madrás; la esposa
de V.T.N. falleció en 1992. Él vivió
una vida tranquila y privada hasta el final; no hubo una reconciliación
con Yogui Ramaiah).
En 1967 Yogui Ramaiah se fue a Malasia y
luego a Australia, donde condujo iniciaciones en Kriya Yoga.
Una estudiante, Filinea Andlinger, tenía una propiedad
a varias horas de conducción de distancia de Sydney,
y ahí había una enorme cueva. Babaji hizo tapas
intensas en esta cueva, según un relato de Babaji a
Yogui Ramaiah.
A comienzos de 1968 Yogui Ramaiah se trasladó
a los Estados Unidos. Cuando llegó a la ciudad de Nueva
York esperaba trabajar como fisioterapeuta, pero sus credenciales
académicos no fueron reconocidos. Así que decidió
adquirir calificación profesional americana tan pronto
como fuera posible, apuntándose a cursos de protesistas
y ortotesistas. Hasta entonces, sin embargo, vivió
en condiciones primitivas en un edificio abandonado de East
5th Street, en el bajo Manhattan, y trabajó a tiempo
parcial en una librería. Comenzó a dar charlas
y clases relacionadas con el Yoga que atrajeron a gente joven
local. Era el “verano del amor” en la ciudad de
Nueva York, y el Haight Ashbury de San Francisco. La gente
joven buscaba nuevas maneras de “volar” y psicodélicos,
y el Yoga estaba entrando en la consciencia de la nueva generación.
Él animó a sus nuevos barbados y jóvenes
estudiantes a practicar Yoga y a conseguir un trabajo. A su
alrededor se formó una pequeña comunidad de
seguidores, y se alquilaron varios apartamentos para alojarlos
a ellos y a las actividades del recién formado "American
Babaji Yoga Sangam". Su primer presidente, Dolph Schiffren,
se las arregló para obtener una “tarjeta verde”
de residencia permanente para Yogui Ramaiah, como el ministro-fundador
de esta nueva organización sin ánimo de lucro.
También adquirieron su primera propiedad en América,
un solar de 30 acres parcialmente arbolado en Richville, N.Y.,
en una subasta, sin haberlo visto, por 3,000 dólares.
Ya que estaba a siete horas de conducción desde la
ciudad de Nueva York, podría servirles durante los
retiros de verano. Los primeros seguidores incluían
a Dolph Schiffren, su esposa Bárbara, Mary Chiarmante
y su pareja Richard, al igual que Lloyd y Teri Ruza. Posteriormente,
Leslie Stella, Andrea Auden, Ronald y Anne Stevenson, Donna
Alu, Michael Bruce, Michael Weiss, Cher Manne y el autor,
al igual que David Mann, hermano del famoso productor de Hollywood
Michael Mann, y Mark Denner.
Antes de trasladarse a California en el verano
de 1970, Yogui Ramaiah llevó a Dolph y a Bárbara
con él a Madrás, donde dirigieron clases y desarrollaron
el centro. En septiembre de 1970 Yogui Ramaiah se trasladó
a Downey, California, donde vivió con el autor y cuatro
estudiantes más en un pequeño apartamento en
Longworth Boulevard. Después se trasladó a una
pequeña casa, con los mismos estudiantes, en Chester
Street, en Norwalk, y se apuntó a los estudios de Prótesis
y Ortesis en la cercana Cerritos College, y comenzó
a llevar a casa piernas y brazos artificiales para trabajar
con ellos. También comenzó a dirigir conferencias
y clases de yoga. Charles Berner le invitó, junto con
a otros yoguis bien conocidos, incluyendo a Yogui Bhajan,
Swami Satchidananda y Swami Vishnudevanda, a un encuentro
sobre la organización de la primera "kumba mehla"
en Norteamérica. Él visualizó a seis
Boeing 747 llevando a varios miles de sadhus de la India a
los terrenos de un granjero en Oregón. El autor asistió
a varios encuentros que para organizar la logística,
pero la propuesta sucumbió bajo el peso de su propia
grandiosidad. Sin embargo, Yogui Bhajan invitó a Yogui
Ramaiah a su hogar, justo fuera de Sunset Boulevard, en Hollywood,
para un encuentro privado. El autor le acompañó.
Fue una ocasión memorable. Yogui Bhajan, el maestro
Sikh, de un metro ochenta de altura y unos 110 kilos mínimos
de peso, con su atavío real, turbante blanco, sentado
al lado del diminito Yogui Ramaiah, que estaba vestido como
su ídolo, con un sencillo dhoti de khadi envuelto en
su cintura y un paño sobre sus hombros. Su único
parecido era sus grandes barbas y sus ojos brillantes. Durante
casi media hora no se intercambiaron palabras. Se sentaron
en silencio, mientras el autor se preguntaba qué estaba
pasando. Después se intercambiaron algunos comentarios
y partimos. Un par de semanas después, durante un encuentro
público de devotos Sikhs, Yogui Bhajan le dijo a la
multitud que se había encontrado con un gran santo,
Yogui Ramaiah. El autor comprendió entonces que su
comunicación había sido al nivel más
profundo posible. Cuando en una ocasión le pregunté
a quién consultar respecto a Kundalini, si estaba disponible,
me recomendó a Yogui Bhajan. Así comenzó
una larga amistad. En diciembre de 1970 Yogui Bhajan fue uno
de los principales oradores del “Parlamento de religiones
del mundo y de Yoga” celebrado en UCLA. El autor disfrutó
invitando a la mayoría de oradores que asistieron.
Cuando nos trasladamos a nuestro nuevo ashram Yogui Bhajan
atendió la ceremonia de dedicación. Comentando
cuántos cabellos grises había ya en la barba
de Yogui Ramaiah, recuerdo que se lamentó acerca de
cómo había vuelto tras llevar a su primer grupo
de discípulos Sikhs americanos a Amritsar, en el Punjab,
y cómo ellos le habían producido tantos cabellos
grises. Como discípulos “sois piedras de molino
alrededor de nuestros cuellos”, y nos exhortó
a seguir fieles a nuestro camino.
A comienzos de 1971, durante varios meses,
Yogui Ramaiah inició a doce de sus estudiantes a las
144 kriyas, aquellos que estaban viviendo en los centros que
había establecido en California, Nueva York, Washington,
D.C., Baltimore y Nueva Jersey. Antes de ser aceptados para
esta formación tuvieron que practicar las técnicas
de Kriya Yoga que ya habían recibido durante la primera
y segunda iniciación, durante al menos 56 horas por
semana, durante 52 semanas. Tuvieron que enviar también
informes sobre sus empleos, día semanal de ayuno y
silencio, y otras disciplinas. Yogui Ramaiah sabía
cómo inspirarnos y motivarnos para que nos superásemos
en nuestras sadhanas yóguicas. El autor y la mayoría
de sus estudiantes dedicados adoraban las prácticas.
“Vida sencilla y pensamiento elevado” era uno
de sus lemas, y nos sentíamos santificados por todo
lo que él hacía por nosotros. Él organizó
también una peregrinación al Monte Shasta, al
norte de California, y varios retiros y muchas conferencias,
donde habló con gran inspiración sobre “el
Tamil Yoga Siddhantham”, las enseñanzas de los
18 Yoga Siddhas.
A lo largo de su vida Yoguiyar sintió
que había sido traicionado a menudo, tanto por su familia
como por sus estudiantes. Tenía una naturaleza inflexible,
y maneras autoritarias y controladoras. Él sabía
qué era lo mejor, y no apreciaba que nadie cuestionase
su sabiduría o su manera de hacer las cosas. Parecía
sentirse orgulloso de ser capaz de “aplastar el ego”
de sus diversos estudiantes, como si esto fuera el medio más
efectivo para la liberación. Apreciábamos su
habilidad para revelar nuestro “lado de sombra”.
A diferencia de algunos gurús, que tratan a sus estudiantes
sólo de la forma más respetuosa y amorosa, Yoguiyar,
tal como le llamábamos afectuosamente, evitó
la confusión que implicaba tal enfoque. Él no
nos amaba tal como éramos como personas, con todos
nuestros complejos, sino que nos amaba tal como éramos
en realidad. Al hacer astillas los apegos personales externos
e idiosincrasias, nos ayudó a descubrir nuestro Ser
más profundo y verdadero. Como estudiantes aceptamos
este enfoque, que implicaba muchas reprimendas dolorosas,
largas sesiones de karma yoga que implicaban labores manuales,
o actividades rutinarias durante horas interminables. Él
raramente reconocía nuestros talentos, al menos no
personalmente, y se negaba a relegar más que la tarea
más servil. En la organización, parecía
casi siempre hacer lo opuesto a lo que sería más
efectivo, evitando el reconocimiento, acabando en un pequeño
grupo de estudiantes consagrados a la práctica de Kriya
Yoga y al trabajo, que incluía trabajar sobre nosotros
mismos. Por ejemplo, durante sus retiros, más que recoger
una cantidad fija al comienzo del retiro, enviaba a varios
estudiantes durante la primera o segunda noche, mientras los
estudiantes estaban durmiendo, con peticiones para contribuir
con 5 dólares para el “fondo para el perro”,
ó 20 dólares para el “fondo para el edificio”,
ó 15 dólares para el “fondo para el coche”.
Así, cada vez que uno tenía que alcanzar su
cartera, uno recibía otra lección sobre “desapego”.
Sin embargo, si no te dabas cuenta de que el juego que jugaba
era “atrapar al ego”, podías fácilmente
sentirte ofendido y marcharte rápidamente. Aquellos
que permanecieron lo hicieron desarrollando un buen sentido
del humor.
Yoguiyar valoró también mucho
la educación, y animó a todos sus estudiantes
a que volvieran a la escuela y que buscaran más calificaciones.
Muchos de sus estudiantes habían rechazado la sociedad,
pero él los motivó para que hicieran una contribución
a ella, en particular en el campo de la salud. Muchos de ellos
se volvieron ortesistas y protesistas cualificados: Edmund
Ayyappa ha sido durante muchos años el director de
investigación en Ortésis en la Administración
de Veteranos en Long Beach, California, y ha desarrollado
muchos innovadores miembros artificiales controlado electrónicamente.
Ronald Stevenson y John Adamski fundaron su propia clínica
de P & O en Virginia y Chicago, respectivamente. Otros
se volvieron enfermeros. Como el autor tenía ya varias
calificaciones de la Escuela de Servicio Exterior, Yogui Ramaiah
le pidió que fuera a Washington, D.C. en 1973, tras
un año en la India, y que pasara los exámenes
de servicio civil; posteriormente le aconsejó que aceptara
una posición como economista civil en el Pentágono
en 1972, donde trabajó durante cuatro años.
Yoguiyar mismo obtuvo sus diplomas de Órtesis y Prostesis,
y trabajó durante varios años como técnico
de laboratorio de prostesis y ortesis, haciendo y ajustando
miembros artificiales. En esta ocupación también
comenzó a visitar campos de trabajadores emigrantes
en Imperial Valley en 1973, con un taller portátil
en una pequeña caravana. Luego, al descubrir que el
cálido clima del desierto se parecía al de su
hogar ancestral en la India, compró un solar de 10
acres en Imperial Valley, con una vieja granja, y comenzó
a pasar mucho de su tiempo allí. Obtuvo un puesto como
instructor en la faculta local de Imperial Valley, en un momento
en el que el Yoga era relativamente desconocido. Dirigía
sus clases vestido con el dhoti indio y una manta blanca de
laboratorio, y enseñaba a sus estudiantes de la facultad
cómo mejorar su salud y bienestar a través de
las posturas de Yoga y la respiración. Sin embargo,
tras ocho años allí, la oposición de
los cristianos fundamentalistas de la facultad, junto con
sus frecuentes obligaciones de viajar, acabaron con su permanencia
allí, pero obtuvo un puesto en la Arizona State College,
a hora y media de conducción de Yuma, Arizona. El autor
firmó la hipoteca para comprar una pequeña granja
de cinco acres de terreno, en las afueras de la ciudad. Durante
este tiempo comenzamos a reírnos de la tarjeta profesional
de Yoguiyar, que mencionaba más y más calificaciones
y posiciones académicas conforme se desarrolló
su experiencia educativa. Después consiguió
un doctorado en la Pacific Western University, por correspondencia,
y se hizo una fotografía de estudio con toga y birrete.
Aunque parecía ser incapaz de comprometerse en charlas
sociales con conocidos, y no parecía importarle que
su apariencia fuera totalmente ajena para los extraños,
su tarjeta de presentación parecía jugar un
papel importante para decir a los que encontraba por primera
vez que él era alguien que no era tan extraño
después de todo.
Durante sus tres décadas en Estados
Unidos, donde se nacionalizó en 1975, dio miles de
conferencias y demostraciones relacionadas con terapia Yoga,
en hospitales y en conferencias médicas. Algunos lo
consideraron un entrometido en tales conferencias por sus
esfuerzos por elevar sus estándares. En las conferencias
de P & O, en particular, hizo un esfuerzo concertado para
elevar la mentalidad y el profesionalismos de los participantes.
Incluso en los 70 el taller común de P & O mostraba
calendarios de chicas en las paredes, y las conferencias eran
principalmente sobre alcohol. Así que Yoguiyar inspiró
a varios de sus estudiantes mujeres, incluyendo a Suzanne
Fournier, para que se volviera prostesistas y ortesistas profesionales.
A los profesionales médicos, en todos los niveles,
les enfatizó que el elemento más importante
al tratar los pacientes era “amar a la persona”,
no las drogas o la tecnología. Él mismo trató
los casos peores, personas sin piernas o brazos algunos, o
severamente deformados, con tanto amor como si fuera el Maestro
mismo, con gran cuidado y confianza en que podría hacer
algo por ellos.
Él amaba a los animales, y mantuvo
una colección de perros, gatos, cabras y vacas en los
centros de Yuma e Imperial Valley. Incluso en Richville, el
centro de Nueva York, insistió en que mantuviéramos
a un enorme toro Charolais blanco durante muchos años.
Aunque era una carga para nosotros cuidarlos, sentimos que
era importante para nosotros tratarlos con reverencia, especialmente
cuando nuestros vecinos los veían sólo como
una fuente de comida. Las “vacas sagradas” como
en India, eran más que un recuerdo para nosotros. Eran
un elemento en su aspiración de llevar la cultura india
a Occidente. Nuestros vestidos, nuestros hábitos alimenticios,
la forma en la que dormíamos en el suelo, íbamos
al baño, nos bañábamos, e incluso evitábamos
los muebles, y especialmente la televisión, todo era
parte de un experimento social, si no una mini-invasión
en una cultura materialista. Él no iba a volverse igual
que sus vecinos, y si tú eras su estudiante y querías
vivir en uno de los centros que él había establecido,
tenías que adaptarte a su forma cultural. También
había una razón muy práctica para este
requisito: cuando fuimos enviados a vivir y practicar y trabajar
en la India, todos nos adaptamos bien, y pudimos vivir allí
durante años sin dificultad. Éste era por supuesto
un tiempo en el que la India tenía pocas de las comodidades
occidentales, y en consecuencia, ordinariamente era muy difícil
para los occidentales vivir allí. Él concentró
su atención en formar a unas pocas personas que podrían
mezclarse con su energía, hacer la sadhana y ayudarle
a cumplir las tareas que recibió de Babaji. Él
también señaló que estaba plantando “semillas”
que podrían tardar cientos de años en dar fruto.
Estas “semillas” podrían brotar en la consciencia
colectiva y en la cultura de la sociedad occidental durante
las décadas siguientes. Cuando el autor le preguntó
cómo podría estar América a mitad del
siglo 21 él respondió tranquilamente que podría
estar “al mismo nivel que la espiritualidad de la India”.
Sus acciones estaban a menudo no motivadas por ganancias a
corto plazo, sino por los efectos a largo plazo sobre el planeta
en su totalidad. Aunque sus motivaciones parecían a
veces enigmáticas, a menudo estaban arraigadas en los
antiguos principio de la cultura yóguica.
A diferencia de la mayoría de los
maestros, Yoguiyar financió sus actividades de forma
no comercial. Durante casi tres décadas, los seminarios
de iniciación, por ejemplo, que duraban varios días,
implicaban una donación de sólo 16 dólares.
Todos los gastos regulares y extraordinarios, sin embargo,
fueron pagados por el estudiante o la docena de estudiantes
que vivían en los seis centros que había establecido
en Norteamérica. Hizo muy difícil que alguien
se convirtiera en residente, pero una vez habían probado
su capacidad para vivir una vida dedicada y disciplinada,
pedía mucho de ellos. Se les pedía que pagasen
de sus modestos salarios, trabajando a menudo en dos trabajos
para que salieran las cuentas, las cantidades requeridas para
mantener sus extensos viajes, las facturas de automóvil,
teléfonos y servicios públicos, y la impresión
de proyectos extraordinarios de libros. Más que pedir
al público o a los nuevos estudiantes que pagasen por
la formación, los residentes de sus centros básicamente
subvencionaron a su misión y al público. Era
karma yoga, servicio desinteresado, y enseñó
a los residentes la bendición de dar desde el corazón
y el desapego de las posesiones materiales. También
se negó a hacer lo que llamó establecer un “puesto
de venta”, ofreciendo libros, imágenes y parafernalia
a los estudiantes. Todo el énfasis de sus centros residenciales
era ofrecer un entorno donde sus residentes pudieran practicar
Kriya Yoga ocho horas al día, tras trabajar en empleos
lucrativos ocho horas al día y tomar parte de sus necesidades
físicas y hacer karma yoga las ocho horas siguientes.
Este horario permitió a los residentes volverse extremadamente
dinámicos y concentrarse en la práctica yóguica
sin distracción. Sólo una vez a la semana se
le permitía al público visitar los centros con
el propósito de asistir clases públicas gratuitas
de yogasanas. Esto era la antítesis del fenómeno
de estudios de Yoga que gradualmente se convirtió la
norma en todas partes. Él quería que sus estudiantes
integrasen la práctica de Yoga en su vida diaria, y
no comercializarla o hacerla un medio para ganarse la propia
vida.
Una de los medios declarados de Yogui Ramaiah
de “ayudar” a sus estudiantes fue lo que él
llamaba “aplastamiento de ego”. Era un maestro
para orquestar situaciones de tal forma que los estudiantes
pudieran estar cara a cara con las reacciones de su ego: ira,
resentimiento, celos, dudas, inseguridad, orgullo y casi toda
otra limitación humana concebible. Por ejemplo, podía
obligar a dos residentes a vivir juntos en uno de sus centros.
Si uno de ellos tenía un coeficiente de inteligencia
de 85 y otro de 150, ponía al más torpe a cargo
del centro, pero cuando las cosas iban mal podía echar
la culpa al más listo. También evitaba alabar
a ninguno de sus estudiantes. A veces uno podía oirle
decir cosas, como “por qué no puedes ser tan
bueno como tal y tal”, pero esto lo decía para
producir un efecto en la persona a la que estaba riñendo.
Podía alzar a los que carecían de autoconfianza,
por ejemplo, para que volvieran a sus estudios formales en
la universidad, y podía desinflar las pretensiones
de aquellos que eran muy confiados u orgullosos. Podía
ser despiadado en ensartar el ego. Este enfoque, aunque muy
controvertido, requiere una integridad absoluta por parte
del maestro. Si sirve a su ego, es abusivo. Finalmente es
purificador, pero uno debe estar comprometido en el proceso
de “dejar partir” cualquier cosa que venga en
forma de reacciones. Finalmente conduce a la liberación
de los samskaras o tendencias habituales, y a la Auto-realización.
Pero, como dato de gran interés, no es un método
que sea mencionado en texto alguno de los Yoga Siddhas, como
los Yoga Sutras de Patanjali o el Thirumandiram. Es parte
de la tradición tántrica el honrar al gurú
como medio de descubrir al gurú interior. Si, no obstante,
ello implica que sólo un ego se someta a la voluntad
de otro ego, es meramente un ejercicio de poder. Encuentra
su verdadero valor como parte del “juego de la consciencia”,
donde uno usa la relación para descubrir al Ser, al
Vidente, como opuesto a lo Visto y a todo lo que tiene forma.
El “gurú” es un principio de la naturaleza
que le conduce a uno de la oscuridad de la ignorancia a la
luz de la consciencia; puede manifestarse a través
de eventos, situaciones y personas, pero cuando se manifiesta
consistentemente a través de un individuo podemos decir
que esta persona es un “gurú”. Uno no debe,
sin embargo, cometer el error de confundir a la persona con
el “principio del gurú”. La persona es
un vehículo, y a veces el vehículo tiene defectos.
El estudiante no debe entregar su poder a nadie, sino que
debe honrar el “principio de gurú” trabajando
a través de quienquiera o cualquier cosa que le traiga
sabiduría. Es por eso también por lo que Yoguiyar
decía a menudo “yo no soy un gurú”,
pero también aceptaba ser honrado como tal.
A pesar de sus excentricidades, Yoguiyar
era encantador, y lo amábamos profundamente. Podía
pasarse horas al teléfono escuchando a alguno de sus
estudiantes, al otro lado del país, narrando todos
sus problemas. Regularmente dormía sólo tres
horas por la noche, negándose incluso a tomar su cena
“hasta que estuviera hecho el trabajo del Maestro”,
lo cual normalmente era alrededor de las tres de la madrugada.
Rotábamos como su asistente personal cada dos semanas,
llegando fortificados y preparados para sesiones sin parar
de karma yoga, y lo dejábamos exhaustos. Su nivel de
energía era nada menos que increíble. Cuando
la presión del trabajo, la sadhana, el karma yoga y
el aplastamiento del ego se volvía demasiada, ocasionalmente,
alguien abandonaba. Quizá ellos sencillamente querían
una forma más fácil. Nuestro número se
hizo menor, y Yoguiyar, como lo llamábamos con afecto,
lo hacía incluso más difícil para los
recién llegados que se unieran a la docena de centros
que había establecido por alrededor de Estados Unidos.
Conforme nuestro número disminuyó, la carga
se incrementó para los estudiantes que quedaban, en
términos de mantener los centros.
Era una persona destacable. Una vez, durante
una peregrinación a través del país,
paramos para pasar la noche en Pike's Peak, Colorado. Yoguiyar
anunció que se iba al bosque para meditar solo, y que
nadie debía seguirle. Vencido por la curiosidad, el
autor le siguió y se escondió detrás
de un árbol, presenciando cómo se sentó
en postura de meditación, cruzó sus brazos,
elevó los ojos arriba y ¡desapareció en
una bola de luz que parecía el sol! El autor se pellizcó
varias veces y se frotó los ojos para asegurarse de
que no estaba soñando. Tras media hora la bola de luz
disminuyó lentamente y regresó la forma familiar
de Yoguiyar. Se levantó, y conforme comenzaba a caminar
hacia nuestro campamento, señaló al autor y
le riñó por haberle desobedecido. Cuando el
autor le preguntó posteriormente qué había
estado haciendo, Yoguiyar le dijo que estaba “plantando
semillas” en varios lugares, que esperaba que pudieran
crecer en importantes centros de vida espiritual algún
día del futuro.
En muchas ocasiones Yoguiyar reveló
también sus "siddhis" o poderes yóguicos
milagrosos. Esto sucedía en el curso de las interacciones
con él. Tenía una habilidad para saber exactamente
lo que estábamos pensando, para visitarnos durante
nuestros sueños y para decirnos lo que habíamos
estado haciendo en privado durante el día anterior,
cuando estábamos lejos y solos. Pero nunca hizo un
espectáculo con sus poderes. Y no nos permitía
permanecer con él más de unas semanas, en la
mayoría de los casos. Nos enviaba a varias partes del
país o al extranjero, para practicar y trabajar, y
para volvernos fuertes. De esta forma, el autor estuvo en
una variedad de trabajos, y comenzó o desarrolló
varios centros en países tan lejanos como Gran Bretaña,
Australia, Malasia, India, Sri Lanka y varias ciudades de
Estados Unidos y Canadá.
En el parlamento, en Sri Lanka en 1958, demostró
su habilidad para detener su pulso en un brazo, mientras lo
doblaba en el otro, al tiempo que daba una conferencia ante
el público. Dos médicos sostuvieron sus brazos
e informaron de ello. En 1967, en Australia, demostró
el estado sin respiración del samadhi en un laboratorio
médico. Antes de entrar en este profundo estado de
trance pidió al médico que le atendía
que evitase cualquier esfuerzo para revivirlo. Pero esta petición
fue ignorada cuando el médico se encontró con
que el latido del corazón y la respiración de
Yogui Ramaiah se habían reducido a cero. El médico
le inyectó una sustancia para estimular su corazón,
y casi muere en el proceso repentino de volver a la vida.
Tras esto, Babaji le dijo que evitase tales demostraciones
en el futuro.
Su "siddhi" más grande,
sin embargo, era quizás su destacable amor y devoción
por Babaji. Esto era palpable, y cuando daba conferencias
era como si el gran Maestro hablase a través de Yoguiyar.
Podía cantar con la más sentida devoción
"Om Kriya Babaji Nama Aum" a lo largo del día.
Frecuentemente refería las cosas a Babaji o mencionaba
de pasada cómo Babaji le había revelado determinadas
cosas. Babaji era el centro de su vida, y él hizo de
Babaji el centro de nuestras vidas. Trabajaba incansablemente
para servir a Babaji en cualquiera que venía hacia
él. Sea a través de clases, consejos individuales,
actividades de grupo, conferencias o la organización
de centros y de ashrams donde podíamos practicar Kriya
Yoga sin ser molestados, su corazón y su mente estaban
concentradas en servir. A través de su ejemplo aprendíamos
también cómo le enseñaba Babaji. Ha menudo
mencionaba que Babaji “no le servía a cucharadas
en la boca” las lecciones personales que debía
aprender, sino que le decía que “las descubriese
por sí mismo”, cuando afrontaba determinadas
cuestiones. De esta forma llegamos a comprender que Yoguiyar
tenía sus propias limitaciones, pero como estudiante
más antiguo de Babaji, había mucho que emular
en él. Un buen sentido del humor ayudó mucho
para aceptar sus maneras o reprimendas. Aunque no pudiéramos
comprender por qué nos trataba de determinada manera,
sabíamos que nos amaba. A veces no podía simular
estar serio y soltaba una sonrisa a mitad de una reprimenda,
y sabíamos que lo estaba haciendo para impresionar.
Sus escenas dramáticas dejaban su impresión
en nosotros. Cuando daba instrucciones personales por teléfono,
usualmente repetía la misma cosa varias veces con el
fin de imprimir en nuestro subconsciente la lección
que quería transmitir.
Desde 1954 hasta al actualidad, cada año,
con la guía e inspiración de Babaji, Yogui Ramaiah
organizó un Parlamento anual de Religiones del Mundo
y de Yoga, alternando entre la India y Occidente. En estas
conferencias de dos o tres días, que estaban abiertas
al público, gratis, de quince a veinte oradores de
diversos credos compartían por turno sus creencias
y prácticas, y educaban al público en su religión
o camino espiritual. Entre ellos habían cristianos
fundamentalistas, monjes budistas, rabbís judíos,
yoguis y swamis, sacerdotes católicos e incluso profesores
espirituales de la nueva era. Su tema era “unidad en
la diversidad” y servían como un poderoso antídoto
para la más común de las enfermedades espirituales:
el fanatismo religioso. Es un logro destacable haber continuado
este servicio durante tanto tiempo y tan bien.
Yogui Ramaiah exhibió también
una fuerte característica de sus ancestros Chettiar:
una necesidad de construir templos. Además del ya mencionado
antes en Kanadukathan, construyó también un
pequeño santuario a Babaji en el ashram de San Thome,
a comienzos de los 60; un pequeño santuario de yantra
en Bear Mountain, en Nueva York en 1960; un santuario subterráneo
de yantra en el Monte Shasta en 1970; un santuario a Ayyappa
Swami en Imperial Valley, California, en 1972; un santuario
relativamente grande de granito, en 1974, en el lugar de nacimiento
de Babaji en Porto Novo, Tamil Nadu; un gran santuario a Muruga
en Richville, al norte de Nueva York, en 1975; otro santuario
a Babaji en 1977 en Washington, D.C.; y un santuario a la
Madre Divina Kali en Long Island, N.Y. en 1983, posteriormente
trasladado a Grahamsville, N.Y. en Catskills. En 1987 construyó
también un gran y hermoso santuario a Palaniandavar
(Muruga) en lo alto de una montaña en el campus de
su facultad en Athanoor, Tamil Nadu. En 1983 construyó
su templo más importante, en su ashram de Yuma, Arizona.
Alojó los murtis o estatuas de granito de los 18 Yoga
Siddhas que había estado solicitando durante más
de una docena de años de Mahabalipuram, justo al sur
de Madrás. Era su proyecto de construcción más
ambicioso hasta la fecha. Sabiendo plenamente bien que descansaría
sobre una gran falla de terremotos, lo hizo construir sobre
una pila de cimientos de hormigón hundida profundamente
en la tierra, usando un cemento con la dureza de las presas.
Durante casi cuarenta días estuvo prácticamente
sin dormir, durante su construcción, tan preocupado
estaba de que estuviera libre de cualquier defecto. Cuando
se acabó se organizó una gran celebración,
y los periódicos de toda Arizona se llenaron de reportajes
y de muchas fotografías del exótico nuevo templo.
Luego, un par de semanas después, tuvo un serio ataque
al corazón. La tensión del trabajo había
podido con él. Sufrió una quíntuple intervención
de bypass en el Sinai Hospital en Los Ángeles. El cirujano
nos contó después que sus arterias no estaban
bloqueadas, pero que eran remarcablemente delicadas.
Durante su convalecencia Yoguiyar comenzó
a hacer algunos cambios no sólo en su estilo de vida
sino también en su organización. Anunció
la formación de un panel de directores que tomarían
la responsabilidad de la administración de diversos
centros y ashrams tras su muerte; también se llevó
al autor una noche, y bajo una farola le dictó una
lista de condiciones para cumplir con el fin de asumir la
responsabilidad de iniciar a los demás en las 144 kriyas.
Nunca le ha pedido a nadie más, antes o después,
que cumpliera estas responsabilidad. Le llevó al autor
tres años completar estas condiciones, que implicaban
extenuantes sadhanas y otras disciplinas. Cuando Yoguiyar
confirmó esta completación, le dijo al autor
simplemente que “esperase”.
En 1980 y 1981 Yoguiyar envió al autor
a la India y luego a Sri Lanka. Tras completar algunas tareas
respecto a publicaciones de los escritos de Boganathar, le
animó a que viviera calladamente en un retiro recluido
en la playa de Dehiwala, justo al sur de Colombo. Había
poco que hacer, así que el autor hizo voto de dedicar
todo su tiempo ahí a la sadhana intensa en silencio.
Los primeros tres meses fueron muy difíciles porque
la mente no era capaz de distraerse a sí misma leyendo
o trabajando, pero luego la noche y el día se volvieron
uno, y una paz inefable comenzó a impregnar su consciencia.
Tras once meses vino Yogui Ramaiah. El autor no quería
finalizar su tapas. Yoguiyar insistió en que debía
volver a América, donde tenía mucho trabajo
que hacer. Pero, para su placentera sorpresa, la paz que había
ganado ahí permanecía siempre fácilmente
accesible. Por ello permanece agradecido por siempre. Pero
antes de marcharse dedicó un pequeño santuario
a Babaji en Katirgama, en el lugar donde Babaji obtuvo nirvikalpa
samadhi bajo la tutela de Boganathar, y un pequeño
ashram en la playa en 59 Peters Lane, Dehiwala, construido
con la ayuda de Murugesu Candaswamy, y el anterior jefe de
justicia de la corte suprema, el Dr. H.W. Tambiah, presidente
honorario de nuestro Lanka Babaji Yoga Sangam.
En 1985 el autor acompañó a
Yoguiyar en una gira de servicios médicos de dos semanas
por la República Popular China. Eran una extraña
visión para los chinos, que en ese tiempo la mayoría
seguía vestidos con sus trajes “maoístas”.
Comimos sólo arroz y brécol fibroso durante
tres veces al día, ¡tan poco preparados estaban
nuestros anfitriones para los vegetarianos! Después,
ese año, en el All India Institute of Medical Sciences,
fue invitado a presentar una charla sobre Yoga junto con otros
varios distinguidos oradores en una conferencia de un día
sobre meditación. En la plataforma de oradores estaba
flanqueado por Su Santidad el Dalai Lama, un joven maestro
espiritual Sri Ravi Shankar, un famoso monje jaina y el entonces
ministro de interior y futuro primer ministro, Niramsinha
Rao. Cuando el Dalai Lama habló lentamente, tras cada
frase, hacía una pausa y preguntaba a su asistente,
un traductor, si lo que había dicho en inglés
era correcto. Era muy encantador. Tras hablar durante sólo
15 de los 45 minutos permitidos, el joven Sri Ravi Shankar,
que en ese tiempo era prácticamente desconocido para
el público, anunció que daría respetuosamente
su tiempo a restante a Yogui Ramaiah. Yoguiyar larga y elocuentemente
sobre el Yoga Siddhantham y Babaji, y de la necesidad nuestra
vida espiritual, a través de la meditación,
a todas las áreas de nuestra vida. Naramsinha Rao impresionó
enormemente al autor cuando dijo: “La razón por
la que medito cada día es porque me permite aceptar
más y más responsabilidad”.
En 1986 Yogui Ramaiah vendió nuestros
centros en la ciudad de Nueva York y Nueva Orleans, y con
lo que obtuvo de la venta compró 145 acres de tierra
a cinco kilómetros de la villa de Kanadukathan, con
la ayuda de dos estudiantes, Meenakshisundaran de Estados
Unidos y Murugesu Candaswamy, de Sri Lanka. Tras la impresionante
ceremonia para cada uno de los nueve edificios que esperaba
construir allí, como parte del propuesto Hospital y
Facultad de Rehabilitación y Yoga, dejó al autor
para que administrase la construcción, asegurando que
el trabajo hecho por los contratistas estaba de acuerdo con
nuestros requerimientos. Era una tarea que intimidaba. Durante
visitas previas a la India, el racionamiento de los materiales
y la burocracia hicieron siempre muy problemáticos
los proyectos de construcción como la reconstrucción
del ashram de San Thome o el de Kanadukathan. Era un terreno
desértico abandonado, lejos de cualquier morada humana,
sin agua a menos de un kilómetro. Cincuenta mujeres
fueron contratadas para transportar agua en cubos sobre sus
cabezas, para que pudiera ser mezclado el cemento. En nueve
meses fueron edificados nueve edificios, para el asombro del
autor. El ministro de industria del estado de Tamil Nadu vino
e inauguró el complejo. Cuando el autor volvió
a Canadá algunos meses después, solicitó
a la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional una
donación para apoyar el nuevo centro de rehabilitación.
El gobierno canadiense envió a un funcionario al complejo
de la India e hizo un informe. Aunque las instalaciones eran
hermosas y bien equipadas, informó, no había
administración. Desgraciadamente, nuestra solicitud
fue desestimada. El autor comenzó a preguntarse si
la indisposición de Yoguiyar a delegar y su necesidad
de controlar todo era de nuevo su obstáculo más
grande. Incluso antes de que el complejo fuera construido,
él y otros le habían pedido a Yoguiyar que no
construyese en un lugar tan apartado. Serviría a su
propósito, sentimos, sólo cerca de un área
más poblada. Yoguiyar era inflexible en cuanto a que
sería construido sólo cerca de Kanadukathan,
e indicó que esto era así porque necesitaba
probar algo a su familia. El patrón del karma familiar
todavía no se había agotado, pero unos años
después, Yoguiyar fue aceptado de nuevo por su familia.
Ellos le invitaron a sus reuniones y le permitieron ocupar
una de las habitaciones de Ananda Vilas, la habitación
donde había nacido.
Hasta el día de hoy Yogui Ramaiah
continúa ofreciendo fisioterapia a los pobres de su
zona, y cursos breves de Yogaterapia y Fisioterapia a estudiantes
locales y extranjeros. Su ashram de Kanadukathan ha permanecido
también como su lugar de investigación, y durante
los pasados diez años ha publicado las obras completas
del Siddha Agastyar, en cuatro grandes volúmenes, en
su original tamil. Una cosa está clara, él ha
permanecido fiel a las cosas que más le importaban
en su vida: las obras de los Siddhas, su cuidado y atención
por los disminuidos físicos, sus ashrams y santuarios
en la India y Estados Unidos, y su amor y devoción
por Babaji y la enseñanza y la práctica de su
Kriya Yoga Siddhantham. Aunque puede ser fácil encontrar
falta en él por su posesividad, su necesidad excesiva
de controlar, su incapacidad de delegar, sus excentricidades
y su tratamiento de “aplastamiento de ego” para
sus estudiantes cercanos, en suma, sus medios, también
es importante valorar los resultados finales. La cuestión
crucial es ¿cuán bien sirvió el modelo
de Yogui Ramaiah a sus estudiantes? ¿Cuánto
los acercó a Babaji? ¿Y a la Auto-realización?
¿Al cumplimiento de sus aspiraciones más queridas?
¿No limitó el crecimiento de sus estudiantes
más antiguos al negarse a delegar mayores responsabilidades
en ellos? Aunque inspiró a muchos durante un tiempo,
la mayoría se fueron de él tras algunos años,
por diversas razones. Sin embargo, creo que en casi todos
los casos convenció a aquellos que le conocían
de la realidad de Babaji y de la posibilidad de cultivar una
relación personal con él, al igual que del valor
del Yoga. El propio ejemplo de Yoguiyar dio un amplio testimonio
de todo esto. Está más allá del alcance
de esta biografía evaluar lo que hicieron posteriormente
los estudiantes con lo que él les dio, pero quizás
ello pueda ser hecho con la eventual inclusión de recuerdos
personales de algunos de ellos.
Algunos podrán preguntarse por qué
Babaji ha derramado tanta gracia sobre sus discípulos
cercanos V.T. Neelakantan y Yogui Ramaiah, y luego permitió
que su relación se rompiera tras quince años,
y que éste último continuase tal como lo hizo.
Ellos ignoran el hecho de que incluso Babaji permite a aquellos
cercanos a él que aprendan sus propias lecciones y
que trabajen sus tendencias kármicas. Los discípulos
de Babaji no son robots, con los samskaras borrados y la iluminación
implantada por su Satgurú. Aunque las autobiografías
románticas y las biografías barnizadas escritas
por devotos normalmente evitan mencionar la humanidad si no
las caídas de sus sujetos apreciados, tales narraciones
hacen más daño que bien. Dan la falsa y romántica
noción de que el camino espiritual está lleno
de milagros, que el gurú nos dará la iluminación,
y de que la naturaleza humana no se resiste vehementemente
a nuestros esfuerzos por volvernos divinos. Es por ello que,
al escribir este texto, el autor ha intentado evitar embellecer
la verdad de las cosas, y dar cuenta de la humanidad, lo enigmático
y lo problemático en la biografía de Yogui Ramaiah,
aunque evitando un juicio respecto al porqué. En años
recientes algunos lo han criticado y han dudado de él,
pero lo han hecho sin conocer siquiera a la persona, ni nada
de su vida y de sus luchas. Espero que este testimonio les
haga detenerse y reflexionar más profundamente acerca
de su propia naturaleza humana, antes de “lanzar piedras”
a los demás. Que su vida y su ejemplo, en su totalidad,
nos sirva como lección para todos.
Copyright 2003 M. Govindan. Todos los derechos reservados
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