Babaji's Kriya Yoga
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Agrado y desagrado: la enfermedad de la mente
Por M. Govindan

Conforme profundizamos en nuestra práctica de Yoga, comenzamos a darnos cuenta de cuántas veces nuestra mente es sacudida por las cosas que nos gustan y por las cosas que no nos gustan. Nos excitamos, nos reímos o nos sentimos muy "felices" cuando obtenemos algo que deseamos o cuando experimentamos algo placentero. Nos deprimimos, nos frustramos, o nos volvemos ansiosos cuando se nos niega lo que deseamos. Esto lo encontramos a lo largo del día, en el trabajo, con nuestras familias, en los momentos públicos y privados. Mientras anhelemos la paz de nuestro cojín de meditación o de nuestra esterilla de asanas, hay mucho que podemos hacer en otro sitio para vencer esta "enfermedad" de la mente.

Patanjali nos dice en el Sutra II.7 que "Apego es el aferrarse al placer".

Por causa de la individuación de la consciencia, y por su falsa identificación con un cuerpo en particular y un conjunto de pensamientos y recuerdos, somos atraídos hacia varias experiencias placenteras de nuestro entorno. El apego (ragah), como el miedo, brota de la imaginación (vikalpa). Sucede cuando confundimos la experiencia interna de gozo (ananda) con un grupo de circunstancias o factores, y llamamos "placer" (sukham) a esta asociación. Imaginamos que el placer depende de la presencia de estas circunstancias o factores externos. Cuando ya no están más ahí, experimentamos el apego, la ilusión de que el gozo interior no puede volver a menos que poseamos de nuevo los factores externos. El apego implica aferramiento (anusayã), y naturalmente, sufrimiento (dukha). Incluso cuando poseemos los factores externos, podemos todavía experimentar apego debido al miedo (imaginación) a perderlos. Sin embargo, en realidad, el gozo es auto-existente, incondicional e independiente de circunstancias o factores externos. Uno sólo necesita estar consciente para experimentarlo.

Patanjali sigue diciéndonos en el verso II.8 que "Aversión (desagrado) es el aferrarse al sufrimiento".

De la misma manera, sentimos rechazo por diversas experiencias de nuestro entorno. Éstos son términos relativos, y lo que es doloroso para uno puede ser placentero para oto. Sin embargo, hay una tercera respuesta posible, el desapego (vairagya), que Patanjali propone como la práctica clave para ir más allá de lo doloroso y lo placentero (ver verso I.12, 15).

Cuando vamos profundamente al interior, separándonos de una experiencia dolorosa, su causa se vuelve evidente. Al cultivar esta perspectiva y comprensión, al igual que la paciencia y la tolerancia, ya no somos inquietados más. "Si te cuesta la paz mental, te cuesta demasiado". Cambiar una situación externa dolorosa es a menudo imposible, sin cambiar primero nuestra percepción de ella. Deberíamos primero concentrarnos en aclarar y profundizar nuestra consciencia para evitar reaccionar con aversión. Aspira a un cambio exterior, a una situación más armoniosa. Acepta cualquier trabajo que te hay sido dado, con el espíritu del karma yoga (servicio desinteresado), como entrenamiento espiritual, para purificarte a ti mismo del apego (raga) y de la aversión (dvesa).

Ambos, "apego" y "aversión" están entre las cinco aflicciones que Patanjali identifica en el Sutra II.3: "Ignorancia, egoísmo, apego, aversión y aferrarse a la vida son las cinco aflicciones."

Éstas impiden la Auto-realización. A través de la ignorancia de quién somos realmente, confundimos el Ser con el no Ser, lo permanente con lo impermanente. Por causa de esta ignorancia se desarrolla el egoísmo. Patanjali nos dice en el verso II.6 que "Egoísmo es la identificación de los poderes del Vidente (Purusha) con los del instrumento de ver (prakriti)". En otras palabras, egoísmo es el hábito de identificarnos con lo que no somos, la personalidad cuerpo-mente, el instrumento de cognición, al igual que los pensamientos, sensaciones y emociones. Fallamos en reconocer que ellos son objetos, meros reflejos de nuestra consciencia. Esto lleva a la individuación de la consciencia: "egoísmo", y su confusión con "yo soy el cuerpo", "yo soy este sentimiento", etc.

Esta confusión sujeto-objeto puede ser eliminada mediante la práctica del desapego y del discernimiento. Siente que tú no eres "el hacedor", sino "el Vidente". Sé un testigo y un instrumento, y date cuenta de cómo todo es hecho.

Para vencer los agrados y el apego, cultiva la consciencia antes, durante y después de actividades o circunstancia placenteras. Nota que el gozo permanece de principio a fin, siempre que la consciencia esté presente. Practica el dejar partir los sentimientos de apego. Cuando las cosas vayan bien, da gracias al Señor.

Para vencer la aversión o el desagrado realiza todas las acciones desinteresada, habilidosa y pacientemente. Cultiva la ecuanimidad conforme realizas las acciones, y respecto hacia los resultados. Cuando las cosas vayan mal, toma la responsabilidad y aprende a hacerlo mejor.

Copyright Marshall Govindan. Abril 2002. Todos los derechos reservados

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