El progreso real:
deseando un nuevo año en el 2007
Por Durga Ahlund
En esta época, cada año, considero que hará
falta para que este año sea uno de progreso real. Por
progreso real quiero decir el año de eliminar toda
la mezcla de ignorancia y conocimiento. Por progreso real
quiero decir cualquier acción que emprendo sin fricción
consciente o inconsciente, sin ninguna fuerza que dé
la bienvenida a los conflictos (internos o externos). Para
el progreso real, todas las acciones que debo emprender deben
estar en armonía con mi mente, mi corazón y
mi cuerpo, y ser tomadas alegremente y sin ninguna motivación
que sirva a uno mismo.
¿Es el progreso real alcanzable este año? La
resolución de este año es, en resumen: actuar
consistentemente de forma compasiva, tanto en las acciones
significativas como insignificantes, totalmente desde una
mente y un corazón ecuánimes.
¿Es posible hacer esto y tomarse la vida seriamente?
Lo dudo seriamente. La gravedad es, ciertamente, una cualidad
de mi ego. Cuando estoy seria, en los niveles inferiores de
mi ser, en mi corazón, mi cuerpo y mi vida, hay alguna
inquietud, alguna perturbación, una resistencia, debida
a lucha, fricción o frustración mental, emocional
o física, a pesar de lo que esté sucediendo
a mi alrededor. E inversamente, siempre que me siento como
una niña no hay inquietud en mi ser, a pesar de lo
que se diga o lo que suceda. Quizás la única
forma por la que pueda mantener la ecuanimidad en este año
nuevo es tomarme la vida tan juguetonamente como pueda, como
un juego, y no tomarme ninguna cosa demasiado en serio.
Debido a la gravedad, el mismo fenómeno sucede y vuelve
a suceder, a escala más o menos intensa, de año
en año. La gravedad se niega al cambio, a la luz, la
calma, la alegría, se niega a la ecuanimidad. La gravedad
debe estar seriamente lejos de nuestra inteligencia más
elevada, de nuestro ser más elevado. Estar mortalmente
serio es uno de los obstáculos para el progreso espiritual.
Estoy segura de ello. Por la seriedad nos llenamos con conceptos,
actitudes y dogmas inflexibles. Nuestras serias creencias,
conceptos e ideas sobre las cosas forman una fuerza poderosa
de resistencia que puede negar el descenso de la luz y la
inspiración, o tomar una forma que deforme perversamente
la luz, con el fin de ajustar las ideas preconcebidas de nuestra
propia ignorancia. Por la gravedad, tememos que alguna injusticia
suceda en nuestra vida, o tememos que otro cometerá
un error que debemos corregir de algún modo u otro.
El miedo a obtener lo que no queremos puede afectar negativamente
a nuestro sistema nervioso y a nuestra salud física.
El sistema nervioso enlaza el cuerpo físico y el cuerpo
vital. Incluso un miedo subyacente de que algo “malo”
pueda suceder puede pervertir la totalidad de nuestra atención.
Al acceder inconscientemente a identificarnos con el miedo,
podemos encontrarnos sufriendo enormemente por él,
aunque puede no tener sustancia en la realidad. Es por la
seriedad que abrimos nuestro ser al miedo y bloqueamos la
energía vital que lleva alegría y calma y valentía.
¿Qué es más serio que las emociones,
las pasiones, los impulsos y las necesidades vitales? Éstos
son todos hábitos de la naturaleza inferior, y son
lo que confunde y mezcla la ignorancia y el conocimiento.
Es mi seriedad la que permite al vital trabajar contra mí
y atarme a las respuestas que vienen de mi lado más
obstinado y asertivo del ego. Sé que debo inhibir la
rebelión de la naturaleza inferior contra la Luz. Conozco
los obstáculos que personalmente necesito purificar
y eliminar en mi búsqueda espiritual de una Vida Divina.
Pero también sé que no puedo luchar exitosamente
contra todos los adversarios, todas las oposiciones a la fuerza
de la Luz. Y la fuerza de la luz es siempre ligera: es alegre,
abierta y aceptadora, desinteresada y ecuánime, a pesar
de lo que esté sucediendo a mi alrededor.
Para que el amor, la compasión y la ecuanimidad impregnen
cada pensamiento y cada acción, debo aprender cómo
tomar refugio en esa fuerza misma. Lo que se requiere para
ese descenso es una naturaleza tranquila. Debo permanecer
compuesta y tranquila, controlada, o al menos pasiva, hasta
que haya logrado un silencio completo de mente, corazón
y cuerpo. Debo tomar la vida de forma suficientemente ligera
como para tener pensamientos positivos, sentimientos alegres
y una gran claridad, a pesar de lo que esté sucediendo
a mi alrededor. La alegría puede poner en armonía
mi cuerpo y mi mente; puedo sentir esto inmediatamente. Puede
eliminar la fricción y la ansiedad que mantienen vivos
al miedo y a la confusión, y todo mi ser en el desequilibrio.
El cuerpo sutil está sujeto a la voluntad, así
que puedo mandar a mi ser que se vuelva alegre y sin miedo.
Cuando cambiamos las sustancia básica subyacente de
nuestra vida al esforzarnos a ser positivos, alegres, compasivos
y ecuánimes, podemos limpiar gradualmente el cuerpo
sutil para un pensamiento más elevado y un actuar más
puro. Esta purificación nos permite también
rápidamente darnos cuenta siempre que el ego surge
y comenzamos a resistirnos a las fuerzas más elevadas.
Así, podemos iniciar un cambio profundo de actitud
mientras sigamos mandando que nos alimenten los pensamientos
y sentimientos más elevados. El cuerpo sutil siempre
reflejará los pensamientos y sentimientos con los que
es alimentado.
A través del mantra y la austeridad hay una purificación
de la materia fina del cuerpo sutil, y una regulación
de la respiración y una purificación de la mente.
Sabemos que para refinar la mente debemos refinar el prana,
ya que la mente y el prana son las dos caras de la misma cosa.
Nuestras emociones son vibraciones contenidas dentro del cuerpo
sutil, y el cuerpo sutil contiene y distribuye la fuerza vital
del prana. Nuestras emociones deben permanecer calmadas y
contentas. El prana es dirigido por la mente y vitaliza cualquier
cosa en la que la mente piensa. La atención dirige
el prana. Enviamos fuerza vital a cualquier cosa a la que
prestemos atención. Siempre que pensamos sobre cualquier
cosa, estamos dirigiendo el prana hacia esas formas de pensamiento.
Un pensamiento no es sólo algo confinado al cerebro.
Un pensamiento es proyectado fuera y reflejado en la vida.
Si un pensamiento se vuelve habitual y estimula respuestas
emocionales, se convierte en una fuerza muy poderosa de la
creación. Creamos nuestras propias situaciones en la
vida, nos demos cuenta o no. Deja partir toda expresión
negativa de la mente y el Ser brillará a través.
Alimentada con el amor, la paz y la valentía del Ser,
nuestra consciencia obtiene la verdad, todos los cuerpos están
impregnados y son animados por la misma energía vital
y por la misma consciencia que está dentro de nosotros.
Éste es el progreso real. Y eso es lo que se requiere
para eliminar la mezcla de ignorancia y de conocimiento.
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