Babaji's Kriya Yoga
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Aspiración, rechazo y entrega - parte 2
Por Marshall Govindan


“Levántate, póstrate, entrégate, abraza, maravíllate;
Llama de todas las maneras a los pies Sagrados del Señor.
Eso trae los beneficios de este nacimiento;
Guárdalo con reverencia; Él responde a su vez”
- Tirumandiram, verso 1499

La auto-entrega a la Divinidad en todo momento y en toda circunstancia es la clave de la sadhana del Yoga Integral, al igual que del Kriya Yoga de Patanjali, que dijo “Ishvara-pranidhanad-va”, (“o por la propia entrega al Señor, uno alcanza la absorción cognitiva, es decir, el Samadhi.- Yoga Sutras I.23). “Mi Dios y mi todo” resume su expresión desde el corazón. El día en el que un estudiante se entrega a la Divinidad, la Divinidad misma interviene en la vida del estudiante y le ayuda a eliminar todas las dificultades y debilidades, y trae gozo a la consciencia con su Presencia.

Para que esto suceda los requisitos previos son: (1) el estudiante debe sentir la vanidad del propio poder, (2) debe creer con todo su corazón que hay alguien llamado Divinidad que existe realmente, que le ama, y que tiene la omnipotencia de hacer cualquier cosa según la Sabiduría Divina, y (3) el estudiante debe volverse sólo hacia la Divinidad como su único refugio.

En el estado de consciencia de entrega, cualquier cosa que uno haga o sienta, todos los movimientos son hechos como una ofrenda al Ser Supremo, con confianza absoluta, liberándose uno de la responsabilidad por uno mismo, entregando a la Divinidad toda la propia carga.

Hay mucha resistencia y obstrucción en la naturaleza y en la consciencia habitual del sadhaka, que trabaja contra esta entrega. Uno debe entregarse sin reservas a la única guía de la Divinidad. ¿Cómo saber si uno lo ha hecho? Sri Aurobindo ha dado una descripción detallada del estado interno de un sadhaka plenamente entregado:

“Quiero a la Divinidad y a nada más. Quiero entregarme yo mismo enteramente a Ella, y ya que mi alma lo quiere, no puede sino suceder que la encuentre y la realice. No pido nada sino eso y su acción en mí para que me lleve a él, sus acciones secretas o abiertas, veladas o manifiestas. No insisto en mi propio tiempo y manera; le dejo hacer todo en su propio tiempo y manera, creo en él, acepto su voluntad, aspiro constantemente a su luz y presencia y gozo, paso por todas las dificultades y retrasos, confiando en él y sin nunca renunciar… Todo por él y yo mismo por él. Cualquier cosa que suceda, mantendré esta aspiración y auto-entrega y seguiré en la perfecta confianza de que eso será hecho” - Sri Aurobindo, Cartas de Yoga, Cent. Ed. P. 587.

En consecuencia, es la Divinidad misma quien se hace cargo de todo el curso de las sadhana del sadhaka. “Si uno se entrega a la Divinidad con confianza, incluso si uno no puede hacerlo totalmente de una vez, aun así, cuanto más lo haga, más ayuda y guía interna vendrán, y la experiencia de la Divinidad crecerá internamente. Si la mente cuestionante se vuelve humilde y menos activa y crece la voluntad de entrega, esto debería ser perfectamente posible” - Cartas de Yoga, pp. 586-88.

Así, si el poder de la propia entrega es tan potencial, ¿por qué falla el hombre en hacerla? “¿Por qué no es hecha? Uno no piensa en ella, uno olvida hacerla, los viejos hábitos vuelven. Y, por encima de todo, escondida en alguna parte del inconsciente o incluso en el subconsciente, está la duda insidiosa que susurra en tu oído… y tú eres tan tonto, tan tonto, tan oscuro, tan estúpido que escuchas y comienzas a prestar atención a ti mismo, y todo es arruinado” – la Madre.

¿Cesa entonces la iniciativa personal? No, la consciencia ordinaria y la voluntad del sadhaka está lejos de estar unida con la Voluntad y la Consciencia Divinas, uno está viviendo todavía en la consciencia separativa del ego, con todos sus gustos y aversiones, así que el principio esencial para seguir es entregar los frutos o resultados de las propias acciones a la Divinidad, de otro modo uno actúa sólo para la satisfacción del ego. Uno debe mantener la siguiente actitud:

“El Divino es mi único refugio; confío en Él y descanso en Él y sólo en Él para todo. Estoy completamente resignado a Su Voluntad. Miraré que ningún obstáculo en el camino o que cualquier oscuro estado de ánimo de desesperación me hagan nunca vacilar en mi absoluta confianza en la Divinidad” - Sri Aurobindo.

Sin embargo, esto no debe hacer al sadhaka auto-complaciente. Uno no debe sentir ningún esfuerzo por parte del sadhaka, que la Divinidad hará todo por él. Las palabras de Sri Aurobindo dejan esto muy claro: “Pero la Gracia Suprema actuará sólo en las condiciones de Luz y de Verdad; no actuará en las condiciones establecidas por la Falsedad y la Ignorancia. Porque si se rindiese a las demandas de la Falsedad, ello derrotaría su propio propósito”. Hay unas condiciones para todo. Si alguien se niega a cumplir las condiciones para el Yoga, no sirve de nada llamar a la intervención Divina.

Una condición esencial es la fe. La fe genuina es un iluminado sentimiento de convicción profunda y tranquila que surge de las profundidades del propio ser, cuando la mente exterior y el corazón son aquietados y purificados de todo deseo y expectativa egoísta. Puede atravesar la bruma de movimientos adversos del momento y concentrarse en la verdad siempre presente. No es sólo un amigo para el buen tiempo, ni se basa meramente en la razón o en el poder de la voluntad. La fe verdadera brilla como una llama; es auto-existente e independiente de las circunstancias.

¿Significa esto que el sadhaka entregado no afrentará dificultades o infortunios? En este mundo de dualismos, con todas sus subidas y bajadas y contradicciones, su significado reside en esta oposición. “Debe haber una evolución que se dirige o lucha hacia cosas más elevadas a partir de una apariencia primero oscura. Cualquier guía que haya debe ser dada bajo estas condiciones de oposición y de lucha… a través de los dobles términos de conocimiento y de ignorancia, luz y oscuridad, muerte y vida, dolor y placer, felicidad y sufrimiento; ninguno de estos términos puede ser excluido hasta que el estatus más alto sea alcanzado y establecido” – Sri Aurobindo, Cartas de Yoga p. 1627.

Aunque una entrega efectiva no asegura necesariamente al sadhaka frente a todas futuras tormentas y tensiones, asegura la absoluta seguridad espiritual del sadhaka incluso en mitad de ellas. No se hace ninguna promesa de que el sendero será un luminoso camino de rosas, lo que se promete es que Él dirigirá al sadhaka entregado a su meta querida a través de todo posible infortunio en la vida. El sadhaka entregado sabe también que los infortunios y los sufrimientos no son en vano, sino que están sancionados por la Divinidad para que cumplan un propósito espiritual necesario cuyo significado será revelado con el tiempo. El sadhaka entregado conoce y siente que la Divinidad no está lejos o ausente durante su sufrimiento, sino sentada en el corazón de su dificultad más aguda, guiando desde ahí el curso de las circunstancias para conducir al sadhaka a la unión con la Divinidad. El sadhaka entregado sabe también que si es afrontada con coraje, paciencia y la actitud correcta, con un espíritu de entrega, cada dificultad producirá un gran beneficio espiritual. Finalmente, el sadhaka entregado sabe que hay un propósito subyacente que conduce a algún bien espiritual futuro. “Que se haga Tu Voluntad siempre y en todas partes”.

Habiendo acumulado el combustible de la devoción en el fuego de la aspiración, y habiendo rechazado todo lo que busca apagar la llama creciente de la realización interna, ella permanece para sumergirse en el fuego de tapas, de la propia entrega. Entrega de la contraída y mezquina perspectiva del ego a la visión expandida de pájaro del Ser Superior. Aquí hay prácticas sugeridas para practicar la entrega:

1. Morar como el Testigo, como consciencia pura, en todo momento, en todas las circunstancias. Cualquier cosa que traiga el karma, uno nunca cesa de permanecer firme como el Vidente, en para-vairagya, desapego supremo.

2. Cultivando el silencio mental. La mente crea la ilusión de la separación, y el intelecto divide incesantemente entre esto y eso; cuando su charla disminuye, uno contempla la Unidad absoluta en todo, y el trasfondo viene al primer plano; así que al afrontar dificultades, ve más allá de la superficie. “Aquiétate y sabe”. La guía vendrá.

3. Entregando el mido, la lujuria, la ira y todos los deseos, permaneciendo en equilibrio, sin gusto ni aversión, sin tener o no tener, sin ganar o perder, sino permaneciendo en ese lugar de equilibrio, trascendiendo las oposiciones duales con las que afligen a uno los apegos mundanos.

4. Recordando “esto también pasará” cuando las cosas van bien y cuando las cosas van mal. Expulsa todos los estados de ánimo de miedo, preocupaciones y ansiedades respecto al curso posible de la vida. La más ligera apariencia de miedo o de preocupación debe hacer que el sadhaka esté alerta y que comience inmediatamente a rectificar los fallos de su actitud, a renovar su resolución y a establecer su consciencia en un estado de tranquila confianza de la Divinidad.

5. Alcanzando la Divinidad arriba, con fe completa en su providencia, practicando la “postura de entrega completa”, tumbado boca abajo, completamente vulnerable, con los brazos estirados por encima de la corona, el asiento del gurú, hacia el Ser Supremo arriba, manos juntas, en sagrada unión.

6. Atravesando el velo de pensamientos oscuros, que habitualmente envuelven a uno, viendo físicamente la brillante luz de la consciencia más allá de ellos.

7. Abriéndose uno mismo a la guía intuitiva, poniendo y manteniendo la mente en un estado calmadamente receptivo, escuchando la guía interna o inspiración que viene espontáneamente.

8. Aceptando las cosas como son, viendo las lecciones que traen cada situación, y contemplando la perfección a la que conducen.

9. Cultivando paciencia, especialmente cuando las expectativas no son colmadas.

10. Recordando “Om Namah Shivayah”: ¡Ése (Ser Supremo Shiva) soy!

11. Viendo lo inmanente en medio de todos los cambios; la Realidad Suprema subyacente que trasciende todo. “Observa a Dios en los eventos de tu vida. Ve sólo la mano de Dios en todo”.”

Om Tat Sat

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