Babaji's Kriya Yoga
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Comprendiendo los Yoga-Sutras de Patanjali
El Yoga como movimiento social

Por M. Govindan Satchidananda

Durante más de 100 años los yoguis indios han estado enseñando en Occidente. Su influencia ha sido profunda, a pesar del hecho de que esto ha sido poco reconocido por los historiadores, sociólogos, políticos o los medios de comunicación. Donde se ha notado la influencia, por ejemplo en los líderes de instituciones religiosas occidentals, ha sido normalmente en la forma de alarma. Las instituciones religiosas occidentales se han sentido amenazadas por las enseñanzas del Yoga, temiendo que perderán influencia, y por la ignorancia, que hay algo dañino o no Cristiano en las prácticas espirituales orientales.

Esto no es realmente algo Nuevo. Las religiones organizadas siempre han buscado mantener su poder de base e incrementar su influencia a costa de sus miembros. Está en la naturaleza de cualquier institución el poner sus propias necesidades y posición por delante de las necesidades de sus miembros, por los que originariamente se formó. Las instituciones religiosas organizadas son corporaciones basadas en el miedo y la culpa, que mantienen su poder primero avisando del peligro del infierno, el demonio o la condenación, y luego ofreciendo una póliza de seguros contra tales amenazas imaginadas, normalmente un conjunto de creencias o rituales que se suponen que anulan los efectos de la mala conducta de uno, llamados "pecados" en los círculos occidentales, o "karma" en los círculos orientales.

Aquellos que siguen seriamente un camino espiritual, sin embargo, se encuentran a sí mismos en una ruta mayormente solitaria. Aunque ellos pueden tener algunos compañeros viajeros en el camino, esto sucede sólo por periodos relativamente cortos. Cuando, históricamente, ellos se han juntado para formar monasterios o comunidades, pueden haber sido tolerados por un tiempo por las instituciones religiosas prevalecientes a su alrededor, pero no se ha confiado en ellos. Esto puede ser visto, por ejemplo, en el caso de los monasterios vacíos de hoy por toda Italia. Hace cuatrocientos años estaban llenos y vibraban con místicos. Pero si eres un místico, tú no necesitas un sacerdote, y mucho menos un papa, porque tú puedes comunicarte directamente con el Señor, a través de los métodos contemplativos de tu orden. Así, aunque toleradas durante un tiempo, tales comunidades no fueron estimuladas.

Los Místicos, lo cual es el término cristiano para los Yoguis, no son ignorantes de los males de la sociedad. Y tampoco los ignoran. Debido a su consciencia expandida, y a la apertura de sus chakras del corazón, son más sensitivos que la mayoría. ¿Pero cómo pueden expresarse a ellos mismos en la sociedad contemporánea? Los místicos son generalmente mirados con mucha suspicacia, y debido a las prácticas y experiencia, incluso con miedo.

¿Cómo puede entonces el místico moderno, tan solitarios como es, esperar tener alguna influencia en la sociedad? ¿Deben organizarse para hacerlo? ¿Es el Yoga un movimiento social actual, o solo potencialmente lo es?

“Ningún hombre es una isla” dijo John Donne, el poeta inglés, y esto se aplica al místico o al Yogui. En el Yoga Clásico, el primer miembro “yamas” o restricciones, gobierna la conducta social del Yogui: no dañar, no robar, no mentir, ausencia de codicia y castidad. Éstos son observados no para satisfacer algunos principio morales, sino porque su observancia es a la vez un requisito previo y una expresión del estado iluminado. Al observarlos uno llega a experimentar que no hay un "otro", sino sólo Uno. El estado social primordial.

La observancia determinada de estas restricciones por un número de yoguis dedicados puede y tendrá un profundo impacto en la sociedad. Y esto ni siquiera requiere que uno se convierta en un líder político, como en el caso del Mahatma Gandhi, quien era un Kriya Yogui, y el padre del movimiento de no violencia que dio nacimiento a la independencia de la India, al movimiento americano de derechos civiles, y al fin del apartheid en Sudáfrica. En cualquier intercambio social, sea con miembros familiares, colegas del trabajo, clientes, supervisores o extraños, hay un intercambio de energía. Esa energía puede estar infundida de amor y compasión, lo cual es por definición profundamente yóguico, o infundida con ira, codicia, impaciencia, competición o antipatía. Nosotros alimentamos uno al otro con nuestro amor y compasión, ayudando el uno al otro a ser quien verdaderamente somos, seres conscientes, universales, o nos envenenamos el uno al otro con nuestras tendencias egoístas. Por el contrario, la observancia determinada de sus opuestos, por ejemplo, por los extremistas del conflicto Israelí-Palestino, y el conflicto católico-protestante de Irlanda del Norte, produce sólo dolor sin fin. Uno puede imaginar que si los palestinos hubieran adoptado también un enfoque no violento para la liberación nacional, habrían conseguido su propia nación hace treinta años.

El Yoga es un movimiento social, porque busca despertar y transformar a un ser humano, uno a uno, de su estado egoísta ordinario. Nuestra moderna cultura pluralista está enormemente inspirada por los principios del individualismo, materialismo y consumismo, que forman la receta del egoísmo. En la medida en la que uno practica Yoga, comenzando con las restricciones o yamas (citados anteriormente) y las observancias, los niyamas (pureza, contentamiento, auto-estudio, práctica intensa y devoción al Señor) uno está comprometido en un tipo de guerra de guerrillas contra la cultura prevaleciente. La palabra "cultura" se deriva de la palabra latina "culte" que significa "adoración". Así, en nuestra moderna cultura materialista, consumista e individualista, la mayoría de los miembros de la sociedad adoran o valoran, por encima de todo, esas cosas que son materiales, que pueden ser consumidas y que realzan su sentimiento de ser especiales.

Un Yogui por otro lado valora o adora al Señor, la Realidad Absoluta, y esto es encontrado adentro, en el plano espiritual de la existencia, inicialmente, hasta que, en el estado iluminado, uno comienza a percibirlo trascendentalmente en todo. Él no siente que sea algo especial, y ni siquiera se ve a sí mismo como "el hacedor". El Yogui reconoce la mano del Señor guiando y dando poder en cada paso.

Cómo cambiar esta perspectiva es la preocupación del Yoga, y aunque es la responsabilidad de cada practicante el elevarse él mismo (por sus propios esfuerzos), hay una ayuda innegable que es proporcionada entre los miembros de una comunidad de Yoga o sangha. La palabra sangha, en tamil sangam, significa literalmente, el lugar donde se encuentran dos ríos. Así, cada uno de nosotros es un río, en este sentido, y cuando nos encontramos hay un intercambio. Cuando una persona es desalentada o confundida, y esto puede suceder en el caso de los adeptos al Yoga con mucha experiencia, la presencia de compañeros Yoguis servirá normalmente para curar o inspirar. Aunque este intercambio se ve más claramente en el intercambio de energía vital entre dos personas, una palabra amable o pensamiento en el plano mental, un pequeño consejo en el plano intelectual, o una sonrisa o expresión de alegría en el plano espiritual pueden ser suficientes para eliminar el desánimo o la confusión. Es por tanto esencial que todos los practicantes de Yoga no se aíslen a sí mismos, como regla. Al compartir su amor y compasión aprenden a integrar sus realizaciones espirituales a todos los niveles de la existencia, para vencer el egoísmo, y para servir como unos instrumentos puros para la Divinidad, en producir una sociedad más compasiva, consciente y Divinamente inspirada.

Se estima que tantos como 20 millones de personas de Norteamérica están practicando ahora Yoga en Norteamérica, y aunque el noventa por ciento de éstas lo practican sólo como ejercicio físico, esto no significa que la influencia del Yoga esté limitada a los campos de la salud o la forma física. Si uno continua practicando Yoga, los efectos comienzan a incluir al sistema nervioso y a la mente, y en consecuencia hay una expansión de consciencia hacia la dimensión espiritual. Esto sucede incluso sin intentarlo, como un efecto natural y espontáneo. Lo que comienza siendo una necesidad física, o un medio para controlar los efectos del estrés, eventualmente se vuelve un camino espiritual muy personal. Un camino espiritual le lleva a uno a niveles incrementados de libertad personal de la ronda de tendencies habituales nutridas por nuestro condicionamiento social. Conforme comenzamos la práctica constante del desapego (vairagya) comenzamos a dejar partir lo que no somos, incluyendo nuestro condicionamiento social, y experimentamos quién somos realmente. La experiencia de la Auto-realización sustituye a la confusión del egoísmo, el hábito de identificarnos con lo que no somos: pensamientos, emociones, recuerdos, hábitos, sensaciones. Conforme se expande nuestra consciencia nos volvemos un testigo, y quizás el Testigo. "Yo soy un hombre, un profesional, negro, blanco o asiático" dice el ego. "Yo soy Eso que soy" dice el Yogui despierto. La implicaciones sociales de tal cambio de consciencia son profundas y de amplio rango. El Yogui no solo se convierte en una fuente de paz y bienestar para aquellos que disfrutan de su compañía, sino también en una dinamo de energía, guiada por una claridad y un discernimiento inusuales. Tales personas pueden y actuarán como un agente poderoso para el Bien, resolviendo los problemas de este mundo en un espíritu de compasión y sabiduría.

Vivimos en un periodo de la historia en el que la interdependencia de todos nunca había sido tan grande. Esta crisis social, en la que una epidemia de gripe o un acto de suicido en una parte del mundo puede afectar instantáneamente a la economía y a la estabilidad política de la sociedad en la otra parte del planeta, requiere nada menos que la disciplina del Yoga de millones de inspirados practicantes. Los medios de comunicación se han convertido en la mayor herramienta de aquellos que buscan aterrorizar a la sociedad. La defensa más grande contra el terrorismo es el Yoga, porque golpea a su origen, el miedo que permite que el terrorismo sea efectivo. El miedo es simplemente la imaginación de la posibilidad de sufrimiento, sin evaluar la probabilidad de su ocurrencia. Esto requiere disciplina mental, la práctica del desapego, y el claro y calmado pensamiento que inspira el Yoga. Más aún, el efecto social del pensamiento positivo y la bendición de un Yogui es mucho más poderoso que el pensamiento negativo disperso de mil tipos ordinarios.

Que todos los practicantes de Yoga lleguen a reconocer el poder que tienen de traer paz y soluciones iluminadas a los diversos problemas del mundo, en cada momento y en cada situación.

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