Buscando la permanencia
en un mundo impermanente
Por Marshall Govindan
La horrible destrucción
del World Trade Center y del Pentágono el 11 de septiembre
del 2001 ha creado una dramática crisis mundial. Los
informes han indicado que incluso semanas después de
la catástrofe más del 50 por cien de americanos
están deprimidos o perturbados. La mayoría se
sienten inseguros, temiendo que los terroristas dentro de
América puedan desencadenar una ola de ataques que
impliquen armas bacteriológicas, transportes públicos
o instalaciones de trabajo o recreativas. La gente se pregunta
¿dónde puedo estar seguro? La gente continua
viendo la destrucción del WTC una y otra vez en las
repeticiones de la televisión. Los periódicos
han alimentado las llamas del miedo con titulares que especulan
acerca de dónde se producirá el siguiente ataque,
y con las fotografías de los musulmanes quemando banderas
americanas. El presidente de los EEUU ha declarado la Guerra
al terrorismo, pero no puede identificar los objetivos, y
los militares americanos parecen no aptos para enfrentarse
a un enemigo casi invisible, que puede estar acechando en
cualquier parte. Así, la mayoría ha cancelado
sus planes de vuelo y se han obsesionado con mirar la CNN
en busca del siguiente reportaje que estimulará o calmará
nuestros miedos hacia el terrorismo.
Nuestros negocios, incluso nuestra vida no
como lo era. Nuestras premisas básicas respecto a nuestra
seguridad y mantenimiento de una cultura materialista están
muy en duda. Ya no se puede confiar más en que nuestra
civilización tecnológica nos apoye. En breve
nos hemos vuelto miedosos.
Pero, ¿qué es miedo? Es esencialmente
imaginación de sufrimiento, sin evaluar las posibilidades
de su ocurrencia. Nuestra habilidad para evaluar la probabilidad
de otro ataque terrorista hace más difícil el
controlar tales sentimientos. Eso nos deja con el tener que
manejarlos con el control de nuestra imaginación. Como
estudiantes de Yoga tenemos, más que el resto, una
apreciación de nuestro poder para crear nuestro mundo.
Ahora debemos usar ese poder, no sólo para nosotros,
sino para los millones de personas a nuestro alrededor que
temen lo peor. Debemos no sólo desapegarnos de los
miedos que nos invanden desde la mente de nuestros vecinos,
sino crear formas de pensamientos positivas que les calmarán
y les darán seguridad. Nuestras palabras y nuestros
actos deben seguir nuestras reflexiones, y no ser reacciones
a viejos hábitos. Es un momento para nosotros para
que llevemos nuestro Yoga hacia todas las situaciones de la
vida diaria en la que nos encontremos a nosotros mismos y
a los otros volviéndonos tensos. Es un momento para
nosotros para cultivar la Paz interna y externa e irradiarla.
Es un tiempo para nosotros para llamar a un poder más
grande de luz, conciencia, quietud y amor hacia este mundo
atribulado. Es un momento para nosotros para llegar hasta
los demás, para compartir nuestro amor, y no un momento
para esconderse.
Debemos también ser sabios para recordar
las palabras de Patanjali, quien nos dice en el Sutra II.3
que “La ignorancia, el egoísmo, el apego, la
aversión y el aferramiento a la vida son las cinco
aflicciones” que nos causan el sufrimiento. Él
sigue diciendo en II.4 que “La ignorancia es el terreno
del que surgen las otras aflicciones”, en el sutra II.5
dice que “la ignorancia es ver lo impermanente como
permanente, lo doloroso como placentero y el no Ser como Ser”.
Esta ignorancia es la causa raíz del miedo y del sufrimiento
que ahora aflige a muchos como consecuencia del suceso del
11 de septiembre del 2001. Mientras sigamos creyendo todos
los objetos que constituyen nuestro mundo van a durar, e ignoremos
la existencia de Eso, el ser esencial que todos somos, estamos
destinados a sufrir. Los recientes suceso son una llamada
al despertar para todos, para que descubran esto. En la medida
en la que podamos ir más allá del drama de cambio
o destrucción, y veamos la ÚNICA REALIDAD ABSOLUTA
BRILLANTE, la LUZ DE LA CONSCIENCIA, ETERNAMENTE PRESENTE,
tales sucesos nos habrán servido bien. Patanjali nos
ha reasegurado que “lo Visto existe sólo por
causa del Ser”, en el verso II.21. Lo Visto incluye
todo lo que puede ser experimentado por nosotros. Es la Naturaleza,
a la vez actual y potencial. El Ser, o el Vidente es la consciencia,
el Testigo. La Naturaleza (que incluye la naturaleza humana,
nuestros cuerpos, mente y emociones) nos proporciona experiencias
y finalmente libera nuestra consciencia de su cautiverio o
falsa identificación: la confusión de que somos
lo Visto, no el Vidente. Hasta entonces, lo visto nos da experiencia,
y mediante tal experiencia despertamos gradualmente del sueño
de que somos lo Visto. Eventualmente sentimos que ya hemos
tenido bastante sufrimiento en manos de la Naturaleza y buscamos
un salida de la confusión egoísta (“yo
soy el cuerpo-mente”, etc.). Con desapego y discernimiento
aprendemos a ir más allá de ella.
Así, si te encuentras a ti mismo sintonizando
la CNN o alcanzando el periódico, discierne qué
es permanente, el eterno Testigo de tu propia Auto-consciencia,
y no permitas que el drama de la Naturaleza absorba tu consciencia
en miedo y fantasías efímeras. Cambia de canal,
y sintoniza con la Estación Emisora Divina, “Kriya
Babaji Nagaraj”. Posee tu propia Divinidad, y ayuda
a crear un nuevo mundo donde el miedo y la necesidad ya no
existan más.
Copyright 2001 por M.Govindan.
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